“ME DA MIEDO IR AL MÉDICO”


La asistencia a médicos u hospitales puede provocar en muchos casos miedo y estrés a los menores. Es algo normal. El temor a no saber qué va a pasar, a quedarse solos con un desconocido que les va a hacer daño, etc.
Los niños aún no comprenden que, para poder curarse y encontrarse mejor, a veces es necesario pasar por pruebas o procedimientos que pueden resultar molestos. Este hecho, aumentado por la imaginación de los niños, puede dar lugar a ideas aterradoras.




CONSEJOS PARA REDUCIR EL MIEDO DE LOS NIÑOS A LA HORA DE IR AL PEDIATRA 

Jugar en casa a los médicos es una manera estupenda de familiarizarse con la situación y con los procedimientos más habituales.
Avisar al niño con antelación de que vamos a ir al médico, no engañarle diciéndole que vamos a otro sitio y comentarle la necesidad de ir (“para que el médico veo lo que te pasa y te de algo para que te cures”, etc.).
Identificar a qué tiene miedo exactamente y resolver sus dudas sobre lo que va a pasar.
Respetar su miedo, no quitar importancia al malestar del niño. Él realmente lo está pasando mal, así que evitaremos frases como “¡Pero si esto no es nada!”.
Mantener la calma. No ponernos nerviosos si el niño llora o se resiste a la exploración. Eso solo aumentará su estrés.
Advertir al pediatra del miedo que tiene el niño para que trate de facilitar la situación, le trate con calma y empatía o incluso le deje examinar el instrumental.
Leer cuentos sobre niños que van al médico para que conozcan lo que pasa y tengan un referente de actuación para estar tranquilos (“Cuentos de Hospitalandia”, de Mª Rosa González Carrera, EDITORIAL CUATRO HOJAS).
En general, es importante dar una imagen positiva del personal sanitario. No identificarlos con un castigo ni amenazarles con llevarles al médico si “se portan mal”. Así mismo, no amenazarles con inyecciones, etc.
Llevar al médico un muñeco tranquilizador o un objeto al que el niño tenga apego para que le ayude a relajarse.



DERECHOS DE LOS NIÑOS HOSPITALIZADOS:

Derecho a tener toda la información sobre lo que va a ocurrir: El niño estará más tranquilo y confiado si sabe lo que va a pasar, qué instrumental va a utilizar el médico, para qué sirve, etc. Por supuesto, la información conviene que esté adaptada a su capacidad de comprensión. (LEY 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica).
Derecho a la protección de la intimidad. Esto se refiere tanto a la intimidad física como moral. Si el niño lo está pasando mal, no debemos aumentar su estrés enseñándole su problema a más gente de la necesaria o comentando cosas que puedan avergonzarle. (Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad).
Derecho a identificar a los asistentes: El niño estará más tranquilo si, previamente a un pinchazo, se le dice "Hola, me llamo Cristina, soy enfermera, voy a sacarte un poco de sangre pero si estás tranquilo voy a acabar muy pronto y no te va a doler mucho". (Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias).
Los padres o tutores que ostenten la patria potestad del niño tienen su representación legal y, por tanto, serán ellos quien tengan que dar el consentimiento a cualquier intervención.


MARCO JURÍDICO DE PROTECCIÓN AL NIÑO RESPECTO A INTERVENCIONES MÉDICAS:

Declaración de los Derechos de los Niños. ONU, 1959. 
Carta Europea de los Derechos de las Niñas y Niños Hospitalizados. Parlamento Europeo, 1986.
En ambas declaraciones se establece que el niño tiene derecho a recibir cuidados de un personal cualificado que conozca perfectamente las necesidades de cada grupo de edad, tanto en el plano físico como en el afectivo.
La Carta Europea de los Derechos de las Niñas y Niños Hospitalizados recoge expresamente que “el niño tiene derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que lo sustituya, el mayor tiempo posible durante su permanencia en el hospital no como espectadores pasivos, sino como elementos activos de la vida hospitalaria». El acompañamiento del menor es una necesidad básica a la que deben adaptarse los centros y su interés prima frente a cualquier otra consideración.
Constitución Española. 
Ley de Protección Jurídica del Menor, 1996. “El interés del menor prevalece sobre cualquier otro interés”.



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