SATISFACCIÓN DE NECESIDADES Y MECANISMOS DE DEFENSA (I)




En la vertiente Humanista de la Psicología se contempla y trabaja con un concepto importante al que merece la pena dedicarle unos minutos. Nos referimos a la idea de la “autorregulación organísmica”. Detrás de estos dos vocablos lo que se presume es la tendencia de todos los seres vivos a “tomar” del ambiente lo que sea preciso para satisfacer sus necesidades; el proceso constaría básicamente de dos fases: en la primera me doy cuenta de lo que necesito (siento y le pongo nombre). En la segunda, me movilizo para conseguirlo. El concepto es simple, sin embargo complejo en la práctica. ¿Por qué? ¿Dónde reside la dificultad? ¿por qué a algunos les cuesta tanto ser conscientes de sus necesidades o, si lo son, de satisfacerlas? durante el proceso de desarrollo del carácter aparecen una serie de mecanismos de defensa o mecanismos neuróticos que entorpecen la función autorreguladora, es decir, que interrumpen el ciclo de satisfacción de necesidades. Estas necesidades no satisfechas se nos manifiestan de diferentes formas, de las que podemos ser o no conscientes, de las que podemos o no responsabilizarnos si bien  en ningún caso resultan ser inocuas.
A algunos les cuesta “sentir” qué necesitan…a otros ponerles nombre; hay quien, aun sabiendo lo que necesita, no encuentra la energía necesaria para llevarlo a cabo… o quien se convence de que, en realidad, lo que necesita es otra cosa… y así, de esta manera tan simple, nos enfermamos, o vivimos “a medias”, o nos enganchamos a cosas que realmente “no necesitamos” etc. En terapia, el planteamiento sería ayudar a la persona a darse cuenta de qué necesita, qué le impide satisfacer esa necesidad, cómo lleva a cabo esa interrupción y, por último desarrollar las herramientas necesarias que le permitan satisfacer dicha necesidad.
Para entender mejor de qué estamos hablando, a continuación vamos a ver detalladamente el ciclo de satisfacción de necesidades, que no es más que una descripción, paso a paso, del proceso que acontece cuando una necesidad organísmica emerge y pugna por su satisfacción así como la interrupción y bloqueo del proceso a través de los diferentes mecanismos de defensa que perturban las diferentes secuencias.
A partir de una situación de REPOSO (punto 0) emerge la necesidad en forma de SENSACIÓN. Es difusa y se registra en forma de señales sensoriales más o menos inconcretas que denotan un estado de déficit en el organismo. El siguiente paso es el DARSE CUENTA, es decir, darle un nombre a esta sensación. Le sigue la movilización de energía o ENERGETIZACIÓN, que es un estado de excitación corporal, una preparación para entrar en acción. Después, pasaríamos a la ACCIÓN, inicio del movimiento o conducta dirigidos a satisfacer la necesidad. El siguiente punto sería el CONTACTO, donde la necesidad del organismo se satisface a través del contacto con el entorno. Y, por último, tocaría la RETIRADA o vuelta al estado de reposo, una vez satisfecha la necesidad, hasta que emerja un nuevo ciclo. Las interrupciones del ciclo a través de los mecanismos neuróticos, se sucederían de la siguiente manera: el mecanismo que no permitiría la emergencia de la sensación es la represión. Entre sensación y conciencia se sitúa la proyección, considerada como una resistencia a darse cuenta. Si hay conciencia pero no movilización, estaría interfiriendo el mecanismo de la introyección, entendida como la rigidez muscular e intelectual que no permiten la energetización emocional y corporal. Puede interrumpirse el proceso y no llegar a la acción, también, por el mecanismo de la retroflexión, donde la movilización energética no se dirige hacia fuera sino contra uno mismo en forma fisiológica o psicológica. Entre acción y contacto se sitúa la deflexión, desenfocando el objeto de contacto y distrayendo en otra dirección. Cuando hay interrupción entre contacto y retirada, hablamos de confluencia (quedarse apegado a la experiencia, sin poder separarse para ir a otra cosa).
A nivel funcional, el ciclo tiene dos estadios que conviene considerar: una parte preparatoria (sensación-conciencia-energetización) y una parte resolutoria (acción-contacto-retirada). Hay personas cuya dificultad se relaciona con la primera parte (contactan, son expresivas pero con muy poca conciencia de sí); otras, por el contrario, tienen más capacidad de introspección, de percatarse de su estado, pero les falta llevar a la práctica el resultado de su conciencia. En función de donde se encuentre la carencia…se trabajará en el ámbito terapéutico un estadio u otro.



Todos utilizamos todos estos mecanismos de defensa en mayor o menor medida, y en más o menos situaciones, si bien nuestro carácter va a determinar una tendencia a la interrupción de este ciclo de satisfacción de necesidades utilizando uno en concreto.
El autoconocimiento es fundamental si se pretende vivir de forma consciente/coherente/responsable..., cuanto más al convertirnos en padres/madres. La importancia de saber cómo me manejo con mis necesidades, cuales son mis dificultades y de qué forma las gestiono reside en que este patrón influirá (lo queramos o no, nos guste o no) en cómo se manejarán nuestros hijos con las suyas propias, y constituye un aspecto básico y esencial para vivir saludablemente. En el siguiente post, profundizaremos en alguno de los mecanismos de defensa y, en particular, en el que más peso tenemos los padres: el mecanismo de la introyección.


                                                                                       Silvia Cesteros Fernández
                                                                                       Psicóloga.

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