El tabú de la violencia


Últimamente estamos viendo muchos casos de bullying o acoso escolar, solo tenemos que teclear en google para que nos salgan multitud de ejemplos, la mayoría de ellos siguiendo un perfil común, siempre proviniendo, el acosador, de famílias desestructuradas, conflictivas, con problemas anteriores o con historial ya de violencia en el pasado.
Pero, ¿qué pasa cuando esos niños no vienen de una familia desestructurada, no vienen de un hogar que en apariencia está sometido a los puntos básicos que nos marcan para poder distinguirlas?.

Si buscamos un poco en la red sobre el perfil del acosador, tendremos una lista muy parecida a esta:


  • Personalidad irritable y agresiva.
  • Bajo autocontrol.
  • Ausencia de empatía.
  • Tendencia a las conductas violentas y amenazantes.
  • Impulsivo.
  • Su rendimiento académico suele ser bajo. En ocasiones es algo mayor que el resto de la clase por haber repetido uno o varios cursos.
  • Su comportamiento en el aula se caracteriza por las salidas de tono, las bromas fuera de lugar e incluso actitudes desafiantes frente a profesores y compañeros.
  • Es posible que pertenezca a una familia desestructurada, con antecedentes de violencia doméstica.
  • Físicamente fuerte.
  • Asume el rol de líder ante un grupo de alumnos de características psicológicas parecidas o que buscan reconocimiento e integración en el grupo. 
 Pero hay veces en los que el niño que se dedica a acosar en clase, no responde a estas características. En apariendcia tenemos una familia implicada, niños criados con apego, en la que los padres están encima de su hij@, que hacen cosas con ellos, que dan el perfil de padres modelo. Bien, ¿entonces qué pasa aquí? ¿ Puede ser que el/la niñ@ sea malo por naturaleza, que tenga el instinto de acosar de manera innata?. Sí, claro que puede ser, pero ese sería un caso entre muchísimos ya que podría implicar algún problema mental. Una falta de empatía total, una indiferencia con respecto a lo que le pase a los demás, el pensar en ser cruel o buscar maneras en las que hacer sufrir a otra persona, no vienen de serie en la cabeza de un niño pequeño porque sí. Y eso es precisamente lo que da miedo, el reconocer frente al mundo, que algo estamos haciendo mal y que toda la fachada que hemos creado no es más que eso. Poca gente está dispuesta a entonar el mea culpa y reconocer que algo falla. 

Poca gente sabe el daño que causa una educación totalmente permisiva, en la que el niño hace lo que quiere con tal de que "no se enfade" o "no moleste". Llegamos de trabajar a las tantas y lo que menos nos apetece es ponernos a hacer deberes, a ayudar a nuestros hijos con sus tareas, escuchar gritos o niños alborotadores en casa. Echamos mano de lo primero que tenemos al alcance y que sabemos que es efectivo, los aparcamos delante de la tele, el móvil, la tablet o la consola. 

Desde que venimos al mundo estamos influenciados por algunos estereotipos o ideas que aunque no queramos, aparecen en nuestra mente en algún momento. Tenemos que ser buenos, educados, estudiar, sacar buenas notas, escoger un camino, estudiar una carrera, buscar un trabajo, una pareja, comprar una casa, casarte y por último tener hijos. ¿Qué pasa cuando llegan esos hijos? que se ven metidos a la fuerza en el sistema ya que sus padres están hasta arriba de deudas y tienen que dejar a su bebé en guarderías, colegios, abuelos, vecinos, canguros, etc lo que les deja muy poco tiempo libre y ese tiempo libre, no es de calidad. 
De un tiempo a esta parte, por suerte, esta situación está cambiando poco a poco, las familias son diferentes, la gente es más despierta, cuestionamos más todo y no somos igual de borregos. Pero incluso las nuevas crianzas llevan asociadas problemas. Muchas personas confunden libertad con libertinaje, permisividad con total anarquía y la falta absoluta de límites, trae muchas consecuencias. 

Jesper Juul en su libro Agresión, ¿Un nuevo y peligroso tabú? explica:

 La agresividad se ha convertido en un nuevo tabú, como sucedía antes con la sexualidad: o no se afronta, o se afronta con prejuicios morales. Es además un tabú peligroso, porque pone en juego la salud emocional de los niños, su autoestima y su confianza.

En nuestra sociedad existe la tendencia a rechazar la expresión de cualquier emoción intensa que no sea «la felicidad». La misma idea motiva a los padres a alejarse de su condición humana y convertirse en meros actores para mantener su imagen de personas buenas y triunfadoras, ocultando incluso su propia agresividad.

A menudo, niños y jóvenes con conductas agresivas son etiquetados como «niños problemáticos», cuando en realidad solo necesitan expresar lo que sienten. Según Jesper Juul, debemos comprender esas conductas como exteriorizaciones de una rabia y frustración internas, y ayudar a estos niños a identificar su frustración y expresarla de un modo menos destructivo, e incluso constructivo. Por otro lado, el adulto necesita ayuda para definir sus límites personales y defenderlos con autoridad y respeto.


«La agresividad constructiva es como la sexualidad o el amor, tres pulsiones que posibilitan la vida, enriquecen nuestras relaciones, ofrecen enfoques más profundos y mejoran la calidad de nuestras vidas. Abraza internamente estos tres aspectos y estarás en condiciones de formar a esos niños y jóvenes anhelantes, que confían en recibir tu empatía y tu consejo».

Nos gusta ponernos la etiqueta de respetadores de los ritmos de los niños, de buscar mil alternativas para su educación, de tratar de saber llevar las rabietas de nuestros hijos o sus emociones de la manera correcta, pero a la que esa emoción no es la esperada y se etiqueta de violencia, tendemos a echar balones fuera, a aislar a esos niños problemáticos, a buscar castigos y consecuencias, a volverles la espalda.
¿Y si en vez de volverles la espalda, les tendiéramos la mano? ¿ Y si pudiéramos indagar un poco en qué pasa, qué le falta a ese niño que la única manera en la que sabe comunicarse o expresarse, es usando la violencia?

Todos sabemos cosas que parece que con el tiempo se olviden. Cualquier persona te dirá que un bebé de 2 años, se porta "mal" porque sabe que así puede conseguir atención de sus padres o de la figura de apego principal, aunque sea para reñirle, en ese momento la atención es toda suya. Creemos que cuando pasa el tiempo eso cambia, porque el niño tiene otras herramientas para poder expresar lo que necesita o siente, pero muchas veces esto no cambia y la única manera que tiene de lograr atención completa de sus padres o de los profesores, es haciendo algo malo. Y aquí tenemos el perfil del acosador que se sale de la norma general y que bajo mi punto de vista, es el más susceptible a la reconducción de conducta y a cambios de hábitos en las relaciones.
Poniendo todos de nuestra parte, por supuesto. En estos temas deberían dejarse atrás todas las disonancias que pudieran surgir y mirar por quién realmente está pidiendo atención.

Nadie se queja nunca por vicio, nadie disfruta haciendo sufrir a los demás, nadie se pasa los días insultando, pegando o acosando porque es algo que le divierta. Esa persona sufre y solo necesita herramientas nuevas.

Cómo el método KIVA cambia los roles del acoso


En Finlandia con el método KIVA los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años para reconocer las distintas formas de acoso y mejorar la convivencia. Hay diez lecciones y trabajos que se realizan durante todo el curso académico sobre el respeto a los demás, la empatía… Cuentan con material de apoyo: manuales para el profesor, videojuegos, un entono virtual, reuniones y charlas con los padres…
Hay vigilantes de recreo, buzón virtual para poder detectar esos casos en los que los niños no son capaces de denunciar a sus padres o profesores el acoso, en cada colegio hay un equipo KiVa, formado por tres adultos que se ponen a trabajar en cuanto tienen conocimiento de un caso de acoso escolar o ciberbullying en el centro. Primero actúan como filtro, para reconocer si es un acoso sistemático o algo puntual. Después se reúnen con la víctima para darle apoyo, ayudarla y tranquilizarla. También hablan con los acosadores para que sean conscientes de sus acciones y las cambien.

La solución está en la constancia y en el cambio de pensamiento y actuación. 


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