¿Derechos del niño o derechos de los padres?


Imagina que vas a morir. Imagina que tus hijos te dicen "mejor muérete el lunes porque el fin de semana nos queremos ir a la playa".
Ahora imagina que, por una enfermedad degenerativa, has perdido movilidad y facultades. No sabes quién es esa señora que te cuida pero sabes que es tu única referencia, la que está ahí día a día contigo. Imagina que intentas prepararte algo de comer tú sola, por no molestarla, se te cae y manchas la cocina. Imagina que, en ese momento en el que te sientes tan mal, esta señora aparece chillándote, llamándote poco menos que inútil y llevándote sola a tu habitación.
Imagina que tú eres tú, simplemente. Imagina que te despiertas una noche con un poco de frío, le dices a tu marido "Abrázame" y él te dice "No, que te acostumbras".

Supongo que ya sabéis por dónde voy, y aún así, mucha gente sigue anteponiendo el bienestar de los padres al de los hijos por derechos de jerarquía o con el demagógico argumento de "ellos necesitan que nosotros estemos bien".

Cierto, un bebé necesita que sus papás, especialmente su mamá, esté bien. Pero para estar bien, esa mamá no necesita una guardería que le quite a los niños de encima desde los tres meses, ni forzar su silencio cuando se despierte por las noches a través de métodos crueles. Para estar bien, esa mamá necesita simplemente disfrutar de sus hijos y recibir ayuda al principio hasta que el bebé y ella se hayan adaptado el uno al otro, hayan podido establecer la lactancia (o no) y se hayan "enamorado".

Sí, sabemos que la maternidad puede ser más dura de lo que habías imaginado, sabemos que las situaciones en las que nacen los bebés no siempre son las ideales, sabemos que la madre no siempre recibe la ayuda que le gustaría (en calidad, porque rara vez se ve sola), pero eso es algo que casi casi va implícito en el hecho de ser madre.

Céntrate, mamá, piénsalo: Tú has querido tener a ese bebé contigo y has querido formar una familia (que puede ser monoparental o numerosa). No puedes pretender que todo sea como antes, que sigáis saliendo todos los viernes mientras alguien cuida al bebé, que sea una criatura-manta que solo llora levemente cada tres horas porque tiene hambre y que tengas la misma apariencia física que antes. No es realista imaginar que un bebé realzaría estéticamente esa pareja tan moderna y molona que erais antes como si fuera un complemento más. Ahora tú eres otra persona.

Vamos a desvelar algo que parece obvio pero a la gran mayoría de los padres recientes les pasa desapercibido: UN BEBÉ ES UNA PERSONA. Sí, sí, como tú y como yo. Es más: es una persona de tu propia familia, un pariente de primer grado: consanguineidad directa.

Y ahora pregunto: ¿Hay personas que valen más que otras? Evidentemente, parece que sí, al ver cómo se cuentan en la tele los muertos de un bando o de otro, o cómo se trata a los ladrones en función de su categoría social... Pero, ¿permitirías estas injusticias en tu propia familia?
¿Es lógico entonces pensar en jerarquías?

Un bebé, desde el mismo momento en el que nace, es una persona con igualdad de derechos legales y morales a los tuyos. (Ojo, estoy hablando de neonatos, no de nonatos. El tema del aborto ya lo trataremos otro día, aunque ya adelanto que me declaro radicalmente a favor: mejor un aborto a un futuro niño infeliz).

Vamos a ver ahora qué implica el hecho de que un bebé sea un miembro de la familia que vale tanto como tú: pues implica que se le debe tratar como te gustaría que te trataran a ti. Y he aquí la gran pregunta: ¿Cómo te gustaría que te trataran a ti si acabaras de aterrizar en este mundo, no conocieras a nadie, no entendieras nada, no vieras bien, no tuvieras forma de comunicación posible, no tuvieras movilidad y fueras dependiente hasta el punto de que morirías en pocas horas si te dejaran solo?

Probablemente te gustaría que estén pendiente de ti, que te calmen, que te cojan en brazos, como poco, cuando lo reclames, que entiendan tu miedo, que no piensen que les chantajeas, que te den alimento cuando tengas hambre, etc.

Por eso, desde lardamma y desde los grupos que dirigimos en facebook, defendemos un estilo de crianza (que se la conoce como "crianza con apego" porque alguien que no somos nosotras le puso ese nombre) que prevalezca los derechos del niño sobre los de sus padres, porque el bebé es el que está indefenso.

Y ahora la buena noticia: Eso no significa que los padres tengan que ser unos sufridos sacrificadores de su propio bienestar, sino todo lo contrario:
Un bebé (o los que sean) es un nuevo miembro de la familia que la exalta y la completa y que multiplica la felicidad del hogar.

¿Cómo conseguir entonces sentirse bien disfrutando del bebé aunque eso implique renunciar a las cañas con los colegas, a la peluquería, al cine, etc.? Muy sencillo:

-Respeto: Aprende a vivir con respeto hacia ti misma y hacia los demás.
-Consciencia: Sé consciente de la grandeza que implica ser madre.
-Responsabilidad: Siéntete bien siendo responsable y consecuente con tus decisiones.
-Apego seguro: El amor de todas las madres (o de casi todas) es indiscutible, pero ayudarle al bebé a crear un vínculo seguro le hará más feliz e independiente.
-Orgullo: Mira a tu bebé. Hay noches malas, pero no me digas que no ha merecido la pena... Pues verás cuando diga su primera palabra, cuando monte en bici por primera vez, cuando haga un dibujo superbonito, cuando tenga su primer novio/a, cuando encuentre su primer trabajo, cuando se gradúe...

Mucho ánimo a todas las mamás que están pasando por esta etapa que a veces se nos hace dura, pero pensad que dentro de poco la echaréis tanto de menos...


Cris. Directora editorial y educadora social especializada en atención temprana.

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