El fin último de la crianza

A menudo nos obsesionamos con los métodos de crianza de nuestros hijos y nos preocupamos excesivamente sobre qué será mejor o qué será peor, sin tener en cuenta que le estamos transimitiendo a el/la niño/a una tensión innecesaria.

Como dice Carlos González, hacer las cosas bien es lo más fácil, solo tienes que seguir tu instinto y tu lógica, así que deja de preocuparte por todo.

Lo principal en la crianza, el sentido último con el que las madres y padres hacemos todo lo que hacemos, es que los niños/as sean felices, y eso a veces se nos olvida.

Como decía mi amigo, el filósofo Juan Verde, la felicidad no es un fin a alcanzar, como nos ha hecho creer la religión o los grandes dogmas. La felicidad así entendida no existe o sería algo inalcanzable. En cambio, es la suma de los pequeños placeres de cada día lo que componen la felicidad.

Yo soy feliz porque me he despertado junto a mi bebé, no se me han quemado las tostadas, huele a suavizante y hace sol. Le pregunto a mi niña si quiere desayunar y dice "¡¡¡Shiiii!!! de una manera que me parto de risa. Llamamos a papá para desearle que tenga un bien día y nos ponemos a hacer cosas. No me deja recoger la casa, pero me da igual.

Y es que el buen humor se refleja en nuestra convivencia, en las relaciones que establecemos y hasta en nuestro propio desarrollo físico y cognitivo.

Aprender a disfrutar del día a día repercute en la salud como han demostrado numerosos estudios científicos, disminuye el estrés, estrecha los vínculos interpersonales, favorece la toma de decisiones (se ve todo más claro), estimula el ejercicio físico (nos mantiene activos) y promueve el entusiasmo, la gratitud, etc.

No se trata de despreocuparse o de estar todo el día haciendo gracias. Se trata de solucionar los problemas con sentido del humor, ocuparse de lo importante, relativizar los problemas y liberar tensiones innecesarias.

Esto es especialmente importante a medida que los niños van creciendo y se les empieza a exigir cada vez más. Conviene de vez en cuando recordar que son nuestros hijos/as y lo felices que nos hace tenerles con nosotros/as.

Los niños/as aprenden por imitación y, si mantenemos una actitud positiva ante la vida, le daremos la posibilidad de pasar ratos inolvidable, mantener un recuerdo estupendo de su infancia y le daremos herramientas para actuar siempre con respeto y alegría.


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