Crianza o educación con apego a partir de 7 años


Estoy intentando escribir una entrada que hable sobre la crianza con apego en niños mayores, que ya no sería crianza, ya que la crianza acabaría a mi entender entre los 5-7 años, y empezaría la educación con apego.
Me encuentro que me está siento harto complicado, ya que a medida que pasan los años, en casa la educación con apego se hace cada día más difícil (que no imposible), pero cuesta, y mucho.
Hemos llegado a una edad difícil, M hace 9 años en una semana y ha entrado en una fase en la que los malditos deberes cuestan mucho, en la que las responsabilidades que cada vez son mayores a veces se le vienen encima, y no lo culpo.
Ser un niño de 9 años ahora es mucho más difícil que cuando yo los tenía, y no ha pasado taaaanto tiempo.

La gente te dice que tienes suerte, que has tenido suerte con tu hijo porque no le gusta la ropa de marca, no se vuelve loco por la última chatarra que ha salido, porque no te pide un móvil, le da igual llevar calcetines rosas al colegio el día que toca gimnasia, y se queda más contento que un 8 al comedor (según la monitora, está en la mesa de los que repiten plato). Pues bien, no señores, no es suerte. Lo mío me ha costado y me está costando!!!
Son años de no llevarlo a guardería, de estar con él, de mirar por sus ritmos y no anteponer los nuestros,  Años que hemos dedicado a él y a su hermana que va a cumplir 3 años en junio y no ha pisado en su vida una guardería.
Pero cada día cuesta más, porque ellos adquieren independencia y se van separando, cometiendo los errores que tendrán que cometer solos sí o sí, sin que tu puedas si quiera abrir la boca para avisarlos sin llevarte una mirada de autosuficiencia que después del golpe será de reconocimiento mudo y orgulloso.

M ahora está empezando a fijarse en su cuerpo, le llegan opiniones sobre él de sus compañeros de clase, por suerte sin saber como, le hemos dotado de cierta desazón en eso de hacer caso a las opiniones de los demás y cuando le llaman gordo en el cole, viene a casa y lo cuenta seguido de un...pobrecillo mamá, seguro que en casa se lo llaman. ¿A qué la gente que insulta es porque no tiene argumentos? Exacto hijo, eso y un problema de autoestima. Intenta darle cariño si se deja.

Como no os puedo dar ningún consejo sobre educación porque yo misma me vuelvo loca muchas veces, os dejo un extracto del libro de Jesper Juul "Su hijo, una persona competente" a ver si vosotros podéis  sacar algo que nos sirva a todos.

En algunas familias hay una fuerte lucha de poder entre padres e hijos; en otras, los padres se han resignado tanto que sus intentos esporádicos de inspirar respeto parecen no tener ni sentido ni efectividad. Y todavía hay más familias que tienen que tratar con hijos que desarrollan un comportamiento sintomático o problemático.

¿Cuál es la solución para estas familias? Desde mi punto de vista, todos los niños (independientemente de si llegan hasta el final en su búsqueda de límites) tienen que ser tratados con respeto. Los padres no pueden violar la integridad de sus hijos, su autoestima o su sentido de la responsabilidad personal. En lugar de eso, los padres deben actuar de un modo que parece paradójico. Si los niños quieren límites, parece obvio que los padres se los den; es decir, los padres deben adoptar sus roles tradicionales y autoritarios de “madre” y “padre”. Pero yo propongo lo contrario. Sugiero que los padres descarten estos roles y en su lugar, empiecen a reforzar su propia autoridad personal.

Esto no es fácil. Los padres necesitan tiempo para eliminar los reproches, rencores y críticas defensivas de sus expresiones y de su tono de voz, sobre todo si sientes que sus hijos están intentando minar su paciencia. Debido a la dificultad inherente a esta tarea, algunos padres recurren a una solución aparentemente más fácil, y que se corresponde con el clásico rol paternal: sustituyen su rol de autoridad absoluta en la familia por técnicas modernas y negociación y teorías educativas. Sin embargo, esta solución también es peligrosa. Confunde el autorrespeto adulto con la vanidad y equipara la necesidad de calor y contacto de los niños con su necesidad de reglas y disciplina.


Algunos padres no están muy dispuestos a prescindir de su roles tradicionales porque , si lo hacen, sienten como si perdieran algo valioso, especialmente, si el rol se ha convertido en su refugio, puesto que confirma su valor como adultos responsables. Estos padres básicamente se sientes desnudos al completo, como si no fueran capaces de asumir su responsabilidad paternal. Sin embargo, los hijos suelen sentirse más cómodos; de hecho, los niños madura, puesto que les parece que los padres están más presentes y son más reales.

Para iniciar este proceso de eliminación de roles, hay que escuchar las respuestas del contestador automático paternal en las distintas situaciones que surgen con los niños. Y , luego, cabe preguntarse:


- ¿es lo que pienso de verdad o tengo otra impresión?
- ¿Con qué parte de lo que digo estoy realmente de acuerdo según mis propias actitudes y mi experiencia?
- ¿Cuáles de mis comentarios son superfluos? ¿Cuáles heredados de mis padres y abuelos?
- ¿Con qué frecuencia digo cosas a mis hijos que me dolían cuando mis padres me las decían a mí?
- ¿qué cosas digo y hago por fidelidad a mi pareja?
- ¿Qué cosas digo porque he oído que las decían profesores u otros adultos?

Lo necesario en este momento es, durante unos cuantos días, observar a los hijos y escucharles cuando hablan de su vida diaria. Y luego cabe preguntarse:

- ¿Cuándo veo un destello de sufrimiento en sus ojos?
- ¿Cuándo miran desafiantes en señal de autodefensa?
- ¿Cuándo tensan la espalda en señal de rabia y desafío?
- ¿cuándo se intensifica su energía y se convierte en agresividad?
- ¿Cuándo tienen una mirada clara y su cuerpo está relajado?
- ¿Cuándo se sienten felices y seguros?
- ¿Cuándo parece como si hubieran alcanzado el éxito?
- Cuando lloran, ¿lo hacen por una frustración natural o porque están emocionalmente angustiados?

La mayoría de los padres que se hacen estas preguntas se percatan de que hay dos versiones de sus hijos: la de los hijos que existen en realidad y la de los hijos que han creado en su mente. Al comparar estas dos versiones, se debe determinar si las ideas preconcebidas sobre la educación de los hijos coinciden con la información que se ha obtenido de ellos. Una vez hecho esto, se debe hablar con los hijos, con la pareja, con los amigos. Y luego, cabe preguntarse:

- ¿qué imagen tienen los demás de mí?
- ¿Cómo me perciben?
- ¿Cómo percibo que soy?
- ¿De qué fuente obtengo mis opiniones y actitudes?
- ¿Qué opiniones y actitudes representan mis valores verdaderos? ¿Cuáles debería dejar de lado?
- ¿Me pongo muy nervioso por las reacciones de los demás si cambio mis opiniones y actitudes?
- ¿Me atrevo a defender mis ideas o prefiero adaptarme a las de los demás?
- ¿He dicho algo recientemente que los demás han considerado que fuera extraño, doloroso o superfluo? ¿Comparto su opinión?

No podemos eliminar nuestros roles de un día para otro, ni es necesario que lo hagamos. Podemos ir paso a paso. Los niños perciben que sus padres empiezan a tomarse a sí mismo seriamente y responden cambiando casi inmediatamente su comportamiento. Incluso si los padres cambian su forma de actuar, únicamente porque quieren que sus hijos se porten “bien”, los niños perciben este cambio y modifican su comportamiento. Pero si los padres no son sinceros (si realizan estos cambios sólo “por el bien de sus hijos”), los niños retomarán en comportamiento anterior.

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