Trans*formando la sociedad, 2ª parte, por Cristina Palacios

Muchas de las personas transexuales,  tienen un fuerte convencimiento de pertenencia a otro sexo desde que son bien pequeñas, aunque la Sociedad y la familia digan que no les corresponde decidir, que eso no puede ser así, con tan mal resultado que les conduce a reprimir su identidad sentida con gran sufrimiento y padecimiento. Nadie debería decir ni imponerle a otra persona qué es, quién es, y mucho menos decidir lo que se espera que sea.

Debido a esto, lo que suele ocurrir en la mayoría de los casos, es que en la edad preadulta, cuando encuentran el valor y la fortaleza interior suficientes, vuelven a intentar manifestar su verdadera identidad sentida. Situación que cambia según el entorno, la familia, amistades, instituto,  etc. y sepan escuchar, aceptar y acompañar, o por el contrario, recriminen y fuercen de nuevo la represión de esa manifestación. Por tanto, el apoyo y el acompañamiento que podemos ofrecer la sociedad a las personas trans*, ya seamos familiares, amigos, profesionales o activistas, es muy  importante porque incide en las oportunidades vitales; como sentirse  parte de una familia, estar a gusto en el centro escolar, formar parte de una pandilla y tener planes para el fin de semana, ir a la universidad, al trabajo, en definitiva participar en los espacios de socialización o tener modelos positivos que les ayuden a proyectar un futuro posible. Esos vínculos y apoyos son imprescindibles para crecer como personas adultas equilibradas, libres y fuertes.

Pero el gran conflicto se les suele plantear con la adolescencia, periodo complicado debido a  los cambios hormonales y físicos que experimenta el cuerpo en esta fase del  desarrollo, por tanto debemos imaginarnos cuanto más difícil será para estas personas, experimentar todos estos cambios cuando van en la dirección contraria a la deseada:  “te sientes hombre y te crecen los pechos e inicias el periodo de la menstruación, o te sientes chica y empieza a salirte la nuez, barba y tu voz se vuelve más grave” . La realidad les embarga a veces con gran angustia y desesperación. Se encuentran en un cuerpo no deseado, sin apoyos emocionales que les ayuden a superar esta situación y sin un referente que les sirva de guía respecto a su necesidad.  No hay tregua posible. No pueden disfrutar la vida igual que las personas no- transexuales, ya que ellos y ellas, tienen la presión constante de su apariencia ante los demás, su actitud, etcétera. Y esta presión social, les resta posibilidades de  simplemente “ser como son y disfrutarlo”, y descubrir que eres diferente a la mayoría, con frecuencia es muy difícil y doloroso de asumir, y muchos de estos adolescentes no soportarán más esta situación y tomarán una decisión fatal a veces, con un final trágico
Muchos testimonios recogidos de personas adultas transexuales hablan de infancias y adolescencias perdidas, y resulta aterrador saber que la tasa de intento de suicidio entre los adultos transexuales a quienes en su infancia se les negó su identidad es del 43% (mientras que entre la población general es de un 1,6%).

En cambio, nos llena de esperanza conocer resultados de investigaciones que se realizaron con jóvenes transexuales a quienes se respetó su identidad, se les acompañó desde sus familias y se les ofreció tratamiento para el bloqueo de la pubertad y sus manifestaciones,  y se observó que tanto los indicadores de calidad de vida y felicidad, como los índices de ansiedad y preocupación por la propia imagen corporal fueron similares, o incluso mejores a los de la población no transexual de su misma edad.

La moraleja de todo esto: cuando se trata del bienestar y de la felicidad de un menor, no hay tiempo ni espera, y no intervenir, puede causarles daños irreparables de por vida, y tenemos que ser conscientes de que sólo tendrán una infancia, sólo una adolescencia.

¿Y cómo pueden ayudar los profesionales a enfrentarse a estas personas a una sociedad tan poco tolerante con la diferencia y tan transfobica?. Pues la experiencia real de la mayoría de las familias , es que muchos de los profesionales con los que cada día han de tratar nuestrxs hijxs, tienen un desconocimiento tan amplio, como insuficiente es su voluntad por aceptar y facilitarles lo que necesitan. Cuando descubrimos la verdadera identidad de nuestrxs hijxs nos sentimos incomprendidos y solos, muy solos, y empieza entonces un peregrinaje por psicólogos y psiquiatras, después de una derivación de los asustados pediatras, para “diagnosticar” la causa del “injustificado” comportamiento del niñx, y lo cierto es que muchos menores salen diagnosticados como hiperactivos, TDAHs, asperger, psicóticos, incluso con tratamientos farmacológicos, cuando en realidad solo son niñxs y adolescentes transexuales, palabra que de ninguna manera aparece en estas consultas. Unas de las indicaciones que se nos da es la de tratar de corregir o cambiar esos comportamientos del niñx o joven, ¿es que acaso creen que la transexualidad es un capricho que se puede hacer desaparecer, fruto de una crianza frívola de padres y madres irresponsables? Evidentemente la identidad está por encima de la propia voluntad. Otra de las recomendaciones que se nos da es la de esperar, esperar cuanto tiempo, y a qué? A que ya no tengan infancia o adolescencia, a que toda la sociedad esté preparada para aceptar a un menor trans*?

Nuestros hijxs no tienen tanto tiempo.

Estos hechos tan, indignos, provoca que muchos niños y adolescentes son condenados a la más absoluta infelicidad, ya que sus padres creyendo fielmente en personas a las que se les presupone cierto nivel de profesionalidad, impiden a sus hijxs vivir con su verdadera identidad, perjudicando así el desarrollo del niñx, que no se siente seguro, aceptado ni querido, lo que definitivamente marcará muy negativamente su personalidad de por vida.

Por tanto, la función de los profesionales no consiste en juzgar, negar o desatender  la realidad de nuestros hijxs. Deben  escuchar, comprender, aprender y acompañar.

Las familias queremos que nuestrxs hijxs puedan desarrollarse, que puedan jugar, crecer, aprender. QUE PUEDAN SONREÍR. QUE PUEDAN VIVIR. QUE PUEDAN SER.

Para ello, muchas madres y padres hemos decidido caminar a su lado. Y vamos a necesitar que tanto la comunidad educativa,  como los profesionales de la salud y todo el entorno social nos de la mano en esta aventura. Porque la vida de nuestras hijas e hijos va en ello.

Por tanto, basta ya de encerrarnos en un espacio acotado de los que es un hombre o una mujer, de lo que es normal o anormal, de lo que está bien o está mal, y seamos permeables a la diferencia, a lo que consideramos nuevo, pero que siempre existió. Estos niñxs y adolescentes cada día nos muestran que la transexualidad no es un trastorno, no es vergüenza, no es sólo disforia,...La transexualidad es variedad, riqueza, orgullo, alegría, naturalidad, y con su presencia nos enriquecen como personas.
Sin duda nuestrxs hijxs están Trans*formando la sociedad.

Pensemos de una vez por todas, que otra sociedad es posible y que por encima de todos los miedos, prejuicios y barreras mentales, está el mayor de los derechos de un menor: su felicidad.
Muchas gracias a tod@s por acompañarnos en esta lucha y por ayudarnos a hacer un mundo mejor para nuestr@s hij@s. Gracias.














Cristina Palacios Castro
 Presidenta de ARELAS


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