Mi parto, por María JT

Cuatro semanas antes, había estado en monitores en el hospital Montepríncipe (al ser primeriza y haber tenido un aborto anterior, quise llevar el embarazo por público y privado, María Paranoias me llaman en mi casa) y, estando allí, me dicen que el corazón va demasiado deprisa, que van a hacer el test de no sé qué (pincharme oxitocina "pa´ ver qué pasa").

Ese día iba sola y veo que me cogen una vía y me quieren hacer firmar un papel. Me agobio y les digo que este no era mi plan de parto, que tenía pensado dar a luz en Pta. de Hierro. Me quitan la vía de muy malas maneras y con la muñeca sangrando (ni un apósito me han puesto), conduzco hasta Pta. de Hierro y allí me monitorizan y ven que todo está bien. No sé de dónde saqué la fuerza para echarle narices y que no me provocaran un parto antes de tiempo.

El 21 de octubre del 2014, con mi embarazo a término, ingreso en el hospital Puerta de Hierro para inducir mi parto. Este mismo día hago las 40 semanas, y mi parto es considerado de alto riesgo por diabetes gestacional con insulina.

Me monitorizan y estoy más verde que los espárragos trigueros. Una de las matronas ve mi informe y me dice "DG insulinizada, lo tuyo va a ser divertido". Sonreí, pero por dentro pensé "pues empezamos bien..".

Me hacen eco y me colocan prostaglandinas, una especie de tampax/supositorio que sirve para borrar el cuello del útero. Hablo con otras tres chicas contiguas a mí que también está para inducir por diversos motivos en mi mismo pasillo. Mi habitación es enorme y para mí sola (mucho más grande que la que tenía en el privado cuando me hicieron  el legrado). Veo la cuna esa, tan pequeñita y vacía, no sé, me da un poco de yuyu, jeje. Me repito que todo saldrá bien y que lo único que quiero es estar fuerte de cabeza y que los nervios no me puedan.

A la tarde, entra una matrona en la habitación "María, venga que nos vamos!", y le digo "¿A dónde?", y me dice "a monitores", "anda, pensé que me ibas a sacar a cenar o algo". La verdad es que,  o me tomo esto de estar en el hospital con humor, o es un rollo patatero. Ninguna novedad en monitores, volvemos a la habitación. Recuerdo cómo viendo la serie Isabel en la tablet, me daban entre dolores de regla y retortijones (¿serán esto contracciones? me preguntaba). Duermo como puedo. Entre los nervios y que echo de menos a mi perro, descanso fatal.

Nueve de la mañana, miércoles 22 de octubre, cielo completamente azul, parece primavera. Me traen mi estupendo buffet libre de diabética gestacional: un descafeinado y una manzana..
"Con esto en el cuerpo tengo que parir?", le digo a mi marido. "Con esto no tengo fuerza ni pa tirarme un peo!". Pero es lo que hay...

Nos vamos a paritorio. Es una habitación muy luminosa, y aunque hay mucha aparatología, es espaciosa y no sé, me la imaginaba más desagradable. A pesar de ser las 12 de la mañana, tienen la luz encendida. Pregunto si puedo apagarla, ya que hace un día precioso y me dicen que claro, que es mi habitación. Aprovecho para decirles que quiero donar el cordón, pero desafortunadamente no puedo por la DG. Llega una enfermera con una chica en prácticas.

"Hola María, ¿quieres enema?".
Les digo que sí, y me preguntan si me lo puede poner la chica en prácticas. También le digo que sí. Un día mi hija será madre y yo abuela, y quiero que a ellas las atienda personal experimentado.

Prefiero que me pongan a mí un mal enema que a mi nieta. Pero lo hace tan bien, que ni me entero.

A las 12.25 empiezan a cogerme la vía (lo que más me dolió), a ponerme oxitocina y monitorizarme. Les digo que quiero moverme y me dicen que no hay inconveniente, que hasta donde llegue el cable de monitores. En la sala hay también una pelota de pilates, entre dar pasitos, ejercitar con la pelota y conversar con mi marido, voy pasando el tiempo. A esto que llaman a mi marido de la compañía de teléfono, hace un par de días hemos hecho la portabilidad y quieren convencernos con una contraoferta. "Mira, es que no es momento, estoy en el paritorio con mi mujer..." , explica mi marido. La tal Evelyn María es muy insistente, le digo a mi marido que o cuelga, o estampo el móvil contra la ventana. Las matronas van entrando y saliendo, preguntándome qué tal estoy y subiéndome la dosis de oxitocina. Me encuentro súper bien. Recuerdo todo lo que aprendí en las clases de preparación al parto y lo voy realizando sin problemas. No podría hablar de dolor, de molestia más bien.

Al cabo del tiempo aparece la matrona y me dice que si quiero que me explore, y le digo que sí. Me tumbo y me dice que estoy de 4 cm.

"Te rompo la bolsa?".
"Pues no sé, rómpela".
"Esto te va a doler un poco".

Noto un líquido calentito y nada de dolor.
Lo único que siento, es que no me advirtiera antes que, una vez rota la bolsa, no me podía mover. Pero bueno, ya aquí estoy en la cama echada.
Me pregunta si quiero epidural, y le digo que prefiero esperar, que estoy bien.
"Bueno, como quieras, lo único que ahora la anestesista está libre y luego igual ya tarda más, ¿estás segura?".

Prefiero esperar. Y no me arrepintiento, ay que ahora empieza lo divertido, contracciones de riñones, más seguidas e intensas. Voy mirando el monitor: subida, tripa dura como una roca y punzadas desde los riñones hacia abajo. Respiró con calma y me sonrío "jooooooooodeeeeeeeerr".

La cara de mi marido es un poema y me hace gracia. Así creo que como diez o doce. Empiezo a agobiarme un poco, porque pienso que si la cosa se demora mucho, ahora estoy bien pero no quiero llegar exhausta a los pujos, que me parecía la parte donde tenía que darlo todo 100%. Otra contracción, "uffff, me cago en la leche, po sí que duele".

Hablo con mi marido, me está viendo pasarlo mal y me anima a pedir la epidural, que qué necesidad tengo de estar sufriendo de esta manera.

Otra contracción. Puedo aguantarlas. Pero pienso en la DG, un parto largo y agotada y  mi único objetivo es llegar bien al expulsivo.

"Llama al anestesista".
Entra la matrona "chiquilla, mira que te lo dije, ahora la habéis pedido todas a la vez. Ya le he dicho que en cuanto pueda se pase. Me voy a un curso y viene otra compi, esta tarde te veo". Y pensé en lo de la tarde y quise que existiera teleanestesista, disponible a cualquier hora en cualquier momento, ay Dios!

Cuando llega la anestesista parece que he visto a Dios "nunca me he alegrado tanto de ver a nadie" le digo. Es una mujer con acento ¿inglés? de unos 40 años. Viene pidiéndome mil disculpas por la tardanza, cuando se va a poner a ello viene una contracción y le digo que espere. Espera, me explica que ahora voy a sentir frío, esto,  lo otro.... Me explica que es lo normal y qué no, por lo que lo tenga en cuenta por si tenemos que avisarla.

Enseguida noto los efectos y tengo hasta sueño, ahora mis contracciones son como cuando te van a sacar una muela en el dentista.

Empiezo a notar una punzada en la costilla izquierda, es un dolorcito raro. Como cada cierto tiempo vienen a controlarme el azúcar, se lo digo a la enfermera. La matrona viene y me dice "es posible que al estar bajo los efectos de la epidural, solo notes las contracciones cuando empiezan desde arriba....a ver... gírate hacia el lado derecho..". El latido cardiaco del bebé baja...

"Uy no, así no que no le gusta nada".

Va a explorarme. "Pero si ya estás completa! Lo preparo todo y enseguida vengo".

De repente lloro, me emociono y lloro más. Mi marido me pregunta por qué lloro "porque vamos a conocerla!", y lloro más todavía. Estoy feliz.

En lo que viene la matrona rezo e intento concentrar mis energías, "vamos a hacerlo muy bien, Valeria, somos un equipo".

La matrona viene con tres personas más creo recordar hablando de sus historias"tía pues anoche la Ana se rayó con Alberto y pasaron de venir a cenar". Me crea cierta desconfianza la banalidad del momento, pero supongo que para ellos esto es como para un cartero buzonear.

Me apagan el aparatejo de la oxitocina.

"María, ¿estás cómoda así?", asiento, "vale, cuando notes la contracción coge aire y empuja hasta que yo te diga".
Vuelvo a asentir. Contracción. Cojo aire y empujo.
"Sigue, sigue, sigue...", paro, cojo aire un segundo y quiero seguir empujando.
"Vale, vale, cariño, esto no me lo hagas porque sale la cabeza y se vuelve a meter".
Otra vez. Contracción.
"Vamos María, vamos, sigue, sigue, sigue... Muy bien", mi marido y la matrona me animan pero noto algo raro en sus caras.
"Lo estás haciendo muy bien. Último empujón. María si aquí no sale, te tengo que cortar un poquito..".

No quiero que me corten. Veo que va a empezar la contracción. Cierro los ojos y pido a mi abuela que me dé fuerzas. "Vámonos con todo, abuela". Empujo mucho más tiempo que las dos veces anteriores, me voy quedando sin fuerzas pero sigo y noto como cuando descorchas una botella de champán previamente agitada y sale todo escurriéndose entre mis piernas. La niña está morada, no llora. La aspiran y llora con todas sus fuerzas.

Mi marido me mira asustado "¿estás bien?" Y sonrío "sí!"
"Me había asustado al empujar te has puesto morada".

La matrona me explica"hija, tenía el cordón en el cuello y en el pie, de ahí tu dolor en la costilla".
"3.076 kg, 48 cm, mira qué guapa". Me la ponen encima y repta, tiene muchísima fuerza, no me la imaginaba tan fuerte.

"Pues vamos a sacar la placenta", mi marido tiene curiosidad y le va preguntando. La chica es muy amable y le va explicando "pues mira, no está nada envejecida para estar ya de 40 semanas...". Le digo a mi marido que no mire eso, o no se va a poder comer más un chuletón en su vida.

"No te voy a dar ni un punto, no te has desgarrado ni nada, lo que sí te voy a traer, es hielo para esas henorroides".

Valeria no para de moverse, intento ponerla a la teta, pero parece una rana que quiere saltar.

Aparece la matrona que se había ido al curso "pero bueno, enhorabuena, si pensaba verte por aquí a las 20.30 y no has tardado nada! Estarás contenta!"

Mi parto comenzó con la oxitocina a las 12.25 y Valeria nació cuatro horas más tarde, a las 16.25.

"¿Cómo estás?"me pregunta
"Pues tengo un hambree..", a saber dónde están ya la manzana y el café de esta mañana.
"Anda que te voy a traer un zumo y unas galletitas", me dice sonriendo la enfermera.

A las dos horas nos llevan a la habitación. Como sangro mucho, matronas, ginecólogas y enfermeras se pasan con mucha asiduidad, pero todo está bien.

Tuve muchos problemas para que la niña cogiera el pecho, me dolía mucho y no encontraba la postura. Me ayudaron 100%, me sentí muy muy arropada, y cuando me marché, me dieron una tarjeta con un número móvil del hospital de asesoría de lactancia 24h.

Esta fue mi experiencia. No sé cómo se ve desde fuera. Yo la recuerdo como muy bonita, única  y emocionante.

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