Cuando las opinólogas son las abuelas


Muchas veces hemos hablado sobre la gente que aún no está habituada a ver prácticas relacionadas con la crianza con apego y se dedican a criticar lo que hacemos las madres como si estuviéramos equivocadas o, directamente, fuéramos idiotas. Desde el clásico "¿Todavía sigue mamando?" hasta comentarios mucho más sutiles con los que dan un trato al bebé desde una posición de superioridad autoimpuesta sin tener en cuenta sus necesidades o sentimientos.

Puedes leer sobre este tema aquí (http://www.lardamma.com/2015/03/los-fantasmas-de-la-maternidad-por-eva.html), aquí (http://www.lardamma.com/2015/07/test-que-tipo-de-madre-eres-de-cara-los.html) o aquí (http://www.lardamma.com/2015/03/los-metomentodo.html).

Pero, ¿qué pasa cuándo las opinólogas son las abuelas (maternas o paternas)? Los papás y mamás recientes no suelen tener ganas de discutir con sus propias madres, no pueden responderle igual que a cualquiera de la calle y sufren especialmente sus opiniones.

Las abuelas, aunque hay maravillosas excepciones, suelen ser más críticas que nadie con la crianza con apego, ¿pero por qué?

Para empezar, porque cuando fueron ellas las madres recientes, las cosas eran muy diferentes. Parece mentira que la sociedad haya cambiado tanto en las últimas décadas, desde la consideración de la mujer, el trabajo, el sistema educativo, la tolerancia al maltrato infantil, la alimentación,... Todo es diferente.

Si la mayoría de nuestras madres nos criaron con biberones y dejándonos llorar fue porque estaban pensando que eso era lo mejor para nosotros/as, que así nos convertiríamos en niños buenos, educados, respetuosos y estudiosos. Y tampoco estaban tan equivocados. Los métodos conductistas funcionan, en el sentido de que dan resultados inmediatos que se asemejan a lo que los padres quieren mostrar a los demás de sus hijos. Desde, luego, mostrar un niño educado, estudioso y limpio, queda mucho más "elegante" que recibir a la familia con la casa sin recoger, el niño descalzo y la teta fuera. Y cuando, conscientes del shock que supone esto para nuestras madres tratamos de explicarles que la casa es secundaria, que los niños DEBEN ir descalzos y que la OMS insiste en los beneficios de la lactancia materna prolongada, solo empeoramos la situación.

¿Pero por qué? Si les estamos dando argumentos... Pues por eso mismo. Les estamos diciendo, de manera indirecta, que ellas lo hicieron TODO MAL. Y eso a una madre imagino que debe dolerle mucho. Porque el proyecto más grande de sus vidas fuimos nosotros/as. Y ahora resulta que NADA de lo que hicieron era lo correcto.

La verdad es que hay muy pocas maneras de resolver esta situación y de hacer que una madre escuche y "desaprenda" todas las ideas que tiene grabadas a fuego desde hace 30 años. Es una tarea prácticamente imposible. Solamente podemos tener paciencia, empezando por tratar de ponernos en su lugar y comprender cómo se deben sentir, igual que hacemos con nuestros hijos, para relativizar así nuestra propia ofensa y no sentirnos tan mal. Solo desde esa perspectiva, tal vez podamos hacerles ver a nuestras madres que nuestro estilo de crianza no es una crítica sino otro modo de hacer las cosas que consideramos que, en estos momentos, después de mucha información sobre todos estos temas, es la mejor.

Si el malestar por ambas partes es importante, podemos evitar vernos tan a menudo.

En todo caso, por el bienestar de los bebés y por el nuestro propio, no dejemos que estas situaciones nos afecten más de la cuenta.

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