Padres e hijos acomplejados

A partir de cierta edad en la que los niños empiezan a desarrollar su autoconcepto en comparación con otros niños/as de su edad, pueden surgir complejos. ¿Qué hacer ante esto?


  1. Prevención: Un apego sólido con sus padres y cuidadores le ayudará a confiar en sí mismo ante las comparaciones o las críticas de los demás.
  2. Escúchale. Quizás te parezca que su problema no tiene importancia pero para él sí lo tiene. De este modo, podrás conocer mejor cómo se siente para poder afrontarlo de la manera adecuada.
  3. El niño debe saber que todas las personas somos diferentes y que estas diferencias son naturales.
  4. Trabaja su autoestima para evitar que se sienta mal y sus habilidades sociales para que él mismo pueda afrontar las críticas.
  5. Desmonta su complejo, ayúdale a verlo desde una perspectiva realista. No se trata de quitarle importancia a sus sentimientos sino de ayudarle a darse cuenta de que, en la vida real, la gente le querrá igual independientemente del tamaño de su nariz o sus orejas, y que incluso un defecto puede ser una virtud (es muy típico el caso de la niña acomplejada por ser la más alta de su clase).
  6. Sé un ejemplo, evitando comentarios sobre el físico de los demás y no obsesionándote con tus propios complejos, al menos, delante del niño/a.
  7. Si el complejo tiene solución (por ejemplo, mucho pelo en las piernas), considera aceptar proporcionársela mientras seguís trabajando los puntos anteriores.


¿Pero qué pasa cuando son los padres quienes se avergüenzan de un defecto del menor? A veces, incluso llegan a someter a los niños a operaciones estéticas con el argumento de prevenirles futuros complejos. ¿Es apropiado, por ejemplo, operarle las orejas despegadas a un niño?

En mi opinión, todas las operaciones conllevan un riesgo y en este caso, un riesgo innecesario puesto que no se trata de la salud, ni si quiera del bienestar del niño/a, puesto que a él/ella no le preocupa. Lo más adecuado, en este caso, desde el punto de vista de la crianza con apego, es aplicarnos los mismos consejos que les damos a nuestros hijos, convertir su diferencia en un rasgo de la personalidad y proporcionarle las herramientas educativas y afectivas para que esa cualidad nunca llegue a suponerle un problema.




Cris. Educadora social especializada en atención temprana y directora editorial.

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