Desarrollo moral. Premios y castigos



Muchas veces hemos hablado de los castigos, pero los postulados de la crianza natural, no ponen en tela de juicio solo la eficacia y la moralidad de estos, sino que critican, por extensión, a todas las técnicas conductistas, incluyendo cualquier tipo de refuerzo, aunque sea positivo.

Se trata de que la motivación de el/la niño/a para hacer o no hacer algo, no debe estar condicionada a los refuerzos que obtendrá como resultado de esa conducta sino a la conducta en sí.

¿Pero es posible que un/a niño/a pequeño atienda a su propia conciencia antes de realizar un acto instintivo?

El psicólogo Lawrence Kohlberg postuló la teoría del desarrolló moral más aceptada hasta nuestros días, partiendo de que los diferentes estadios morales implicaban necesariamente haber alcanzado ciertos estadios cognitivos que le permitan al/la niño/a asumir puntos de vista ajenos.


Estadios del desarrollo moral según Kohlberg:

-Etapa preconvencional: Abarca toda la niñez, hasta la adolescencia y se divide a su vez en varias etapas:

  • Etapa 1: El/la niño/a no entiende la relación entre un acto y su refuerzo. Aprende que ciertas acciones ocurren automáticamente después de otras, pero no ve su relación. Para superar esta etapa, pues, deberíamos hablar con el/la niño/a, y tratar de hacerle ver las consecuencias naturales que tienen sus actos (por ejemplo: Si sale de casa sin abrigo tendrá frío). Imponer, pues, un castigo o un premio a una conducta es absurdo en esta etapa porque no hará que aprenda el significado bueno o malo de tal acción. 
  • Etapa 2: Reconocen los castigos y las consecuencias como respuestas a sus acciones, pero las basan en eso: en los refuerzos y no en la calidad del hecho en sí. Aún no reconocen el bien o el mal como tal, pero sí las consecuencias que implica algo, siempre desde un punto de vista material. Ejemplo: Si le quita un balón a otro/a niño/a, sabe que podrá jugar, y eso es "bueno", pero aún no reconoce que robar sea malo. Castigarle por este hecho no le ayudará a entenderlo. En cambio, lo que deberíamos hacer es ayudarle a entender y razonar para facilitarle poco a poco el paso al siguiente estadio moral.

-Etapa convencional: Surge a partir de la adolescencia:

  • Etapa 3: Es un tipo de moral basada en la asunción de los roles internos. Ya se ha formado el autoconcepto en función de la educación recibida y a las diferencias percibidas respecto a sus compañeros. La identidad de género, de clase, etc., hace que el menor base ahora su consideración del bien y del mal en lo socialmente aceptado (es bueno lo que complace a los demás). Siempre se sigue buscando el propio interés, pero sin dañar a otro. El bien se considera moneda de cambio: "Tú haces algo por mí; yo hago algo por ti".
  • Etapa 4: Aparece la conciencia social. Un paso más allá de la etapa anterior, la lógica formal que caracteriza a esta etapa hace que la toma de conciencia sobre lo socialmente aceptado conlleve una especie de democracia para mantener el orden. Ahora el mal no se trata de evitar por miedo a las consecuencias sino por "civismo".

-Etapa postconvencional: Es el nivel al que aspiramos que lleguen nuestros/as hijos/as (y llegar nosotros), aunque muchos no lo consiguen. En este punto miraríamos más allá de las normas sociales para llegar a juzgar los principios en los que se basan.

  • Etapa 5: Se empiezan a cuestionar las normas que se consideran injustas.
  • Etapa 6: El adulto ya habrá desarrollado su propio código ético que trasciende las leyes, con una serie de principios en base a los cuales define el bien y el mal y actúa en coherencia a ellos.



Esta secuencia de estadios estará condicionada por el desarrollo cognitivo y emocional del niño/a y estos, a su vez, por la educación recibida y los estilos de crianza de sus padres y madres.

Un código legal casero basado en normas por las que se obtienen recompensas y castigos, no tiene sentido puesto que, cuando aún son muy pequeños, no entenderán la relación entre estos con sus propios actos y, más adelante, este tipo de normas no les ayudarán a desarrollar su propia individualidad.

No digo que tratando de razonar con ellos nos vayan a entender como cuando hablamos con un amigo después de un malentendido, porque un/a niño/a pequeño/a que aún no ha desarrollado capacidades empáticas, no comprenderá las consecuencias de sus actos en otra persona por más que se lo expliquemos, pero de esta manera le estamos ayudando a dar ese paso en su desarrollo y, al mismo tiempo, estamos enseñándole la manera correcta de resolver los conflictos, aunque ahora no lo entienda.

Por todo ello, tanto los premios como los castigos no ayudan en absoluto en la educación de un/a niño/a a largo plazo, al contrario. Por no hablar de los conflictos morales que suponen el hecho de chantajearles, ya sea con un refuerzo negativo y positivo, y ya sea este material o emocional. Es decir, "si estudias vamos al cine", es una consecuencia que debemos tratar de evitar tanto como cualquier castigo. No les queremos porque se porten bien sino porque somos sus padres y el amor es incondicional. Ese es el tipo de relación que queremos que mantengan más adelante con sus iguales para evitar situaciones de maltrato, acoso, bullying, etc.

No se trata de validar y "poner un precio" a todo lo que haga el niño, bueno o malo, sino de demostrarle que estamos siempre a su lado, que le queremos, que valoramos lo que hace y cómo se siente.




Cris. Educadora social especializada en atención temprana y directora editorial.

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