NUESTROS HIJOS Y EL PERÍODO DE ADAPTACIÓN AL COLEGIO, por Mónica Ruiz



Las rutinas, los horarios, el  despertador, la hora de… son realidades que forman parte de nuestro día a día ¿Por qué si no existen los fines de semana o los períodos vacacionales? Nuestra mente y cuerpo necesitan descansar de esas imposiciones inventadas para cubrir un puesto laboral, una formación grupal y un sistema social establecido.

El período de adaptación al colegio forma parte de ese conjunto de imposiciones, creadas para ajustarnos a la acomodación de un sistema socioeducativo.

Muchas familias permiten que sus hijos de entre 0 a 3 años se duerman a la hora que ellos tienen sueño y no a “la hora de dormir”, coman ajustándose a los ritmos gastronómicos familiares y no a una “hora de comer” y jueguen cuando les apetece jugar y no a “una hora del recreo”.

Cuando el niño o la niña se acerca a los 3 años, los padres también ven más cerca el momento de iniciar ese primer contacto con la escuela. Los pequeños posiblemente se encontrarán con “la hora de comer”, “la hora de jugar”, la “la hora de dormir”, “la hora de pensar” y un largo etcétera de adoctrinamientos. Socialmente se produce un efecto de “mayoría de edad”, como si a esa edad (los 3 años) nuestros niños tuvieran que crecer de un golpe y seguir todas las pautas establecidas en ese nuevo entorno.

Y ahí estamos, padres y madres, preguntándonos ¿Cómo ayudar a nuestros niños y niñas en ese momento? ¿Cuál es el modelo menos traumático para ellos? ¿Cómo podemos actuar?

Lo más honesto y respetuoso que puedo sugeriros es que valoréis los elementos que aparecen en el siguiente gráfico para tomar la decisión que más se adapte a vuestros valores y necesidades particulares, ya que cada familia sabe en qué situación se encuentra y dónde está el equilibrio entre lo que quiere y lo que puede hacer.


Como padres tenemos la responsabilidad y consciencia de llegar a transformar el período de adaptación del niño al colegio en el período de adaptación de la escuela al niño.

El centro educativo y los docentes que lo conforman son los que se deben situar mirando hacia las necesidades particulares de cada una de las personitas que vivirán y compartirán horas en ese espacio educativo, y no al revés.

Nosotros como padres, madres y tutores seremos los mediadores entre la escuela y nuestros hijos para guiar a la escuela y así garantizar las bases de crianza respetuosa y con apego que hemos ofrecido a nuestros pequeños en el hogar.

Además, el camino de la educación no es sólo uno, hay distintas posibilidades que os comentaré en una próxima publicación. Seguro que os resultarán de gran ayuda para completar la decisión relacionada con el acompañamiento educacional de vuestros hijos e hijas.




Mónica Ruiz Romero 
Col.16209

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