Mi abuelo



Me vais a permitir que hoy hable de algo especial.
El lunes fue el día mundial del alzheimer, esa enfermedad que hace que todo tu mundo se vuelva desconocido y vivas entre gente que no recuerdas salvo momentos de lucidez, en los que te das cuenta de todo y bajo mi punto de vista, es lo peor que te puede pasar, ya que te acostaste un día siendo un hombre completamente capaz, y te despiertas en mitad de la noche en una cama rodeada por sillas para que no te caigas, y con un pañal puesto. En fin....

Os voy a hablar de mi abuelo. Mi abuelo era un hombre muy trabajador desde pequeño, hermano de 5, que vino a Mallorca a hacer la mili y se enamoró de una andaluza.


Era un hombre que desde siempre había ayudado, vendiendo ropa con una mobilette que tenía por las casas, haciendo cinturones, haciendo chales, arreglando bicicletas, lo que hiciera falta.
Pero nunca parado.

Éste hombre cariñoso, fue la figura paterna que yo tuve como referente. Con él y mi abuela pasé muchos días cuando mi madre trabajaba, muchos veranos enteros cuando venía de vacaciones, y muchos años cuando la enfermedad hizo su aparición

Mi abuelo tocaba la guitarra, bandurria y el laúd en una asociación musical. Y le encantaba tocar para que la gente bailara y animarse a bailar Ball de Bot de vez en cuando.
Un día, mi abuelo salió con su bicicleta, y se cayó, a partir de ahí se dieron una cadena de casualidades o causalidades que desembocaron en el descubrimiento de ésta maldita enfermedad.
Fuera como fuese, hablé con mi pareja y decidí irme allí con ellos para poder atenderle. Soy auxiliar de enfermería y se me antojaba la más fácil de las tareas, a parte de tener la oportunidad de devolver el favor que él había hecho cuidándome a mi y a mi hermana. Y lo fue, fue la más fácil de llevar a cabo, pero la más dura.

Cuando yo llegué, él estaba en una fase complicada ( salía a la calle y se desorientaba, quería coger el coche, se enfadaba mucho cuando quería decir algo y no encontraba la palabra...) Recuerdo un episodio un día en el que estábamos comiendo y cuando nos sentamos a la mesa, se quedó mirando el plato extrañado , hasta que le pregunté:

- Abuelo , ¿qué pasa?
- Que no puedo comer.
- ¿Y eso?
- Porque me falta algo para coger la sopa
- ¿Y porqué no me dices que no te he puesto la cuchara?
- Porque no me acordaba como se llamaba, estaba pensando.

Lógicamente me levanté a buscarle la cuchara, pero no pude evitar ponerme a llorar en la cocina.
Poco a poco fue decayendo, al principio de manera algo más lenta, pero el último año, fue brutal, aunque no quiero recrearme en eso.

Mi abuelo no conoció a mis hijos, el mayor nació 3 días antes de que se cumplieran los 3 años de su muerte. Y es una pena, porque hubiera sido un ejemplo enorme de responsabilidad, dedicación y felicidad porque hasta ese último día en el que mientras le cambiaba el pañal, tuvo uno de esos momentos de lucidez en el que me soltó un: mira a lo que hemos llegado hija...me miró, me dio las gracias, y se fue... no perdió la sonrisa.

Con ésta entrada vengo a deciros, que valoréis lo que tenéis antes de perderlo. Que enseñéis a vuestros hijos el valor de la edad y la sabiduría, y que no desperdiciéis los momentos.


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