El efecto Pigmalión



Cuenta una leyenda mitológica griega que el rey Pigmalión esculpió una estatua con la figura ideal de la mujer. A Pigmalión le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. El deseo fue muy fuerte e hizo todo lo que pudo para conseguirlo. Pidió ayuda a Venus Afrodita, la diosa del amor, la cual colaboró en que su sueño se hiciera realidad. Así nació Galatea, su mujer ideal.

Últimamente un anuncio de marca de ropa deportiva, está recordando éste concepto: El efecto Pigmalión.
¿Qué es el efecto Pigmalión o también conocido como la profecía autocumplida?
Pues de manera resumida, podemos decir que: Lo que pensemos que va a pasarnos, inconscientemente adaptaremos la realidad a nuestra idea y acabará pasándonos. Requiere de tres aspectos: creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución

Por tanto, podemos aprovechar éste efecto en nuestros hijos de manera muy sencilla.

Si nosotros nos ponemos delante de ellos cuando van a realizar una actividad, y estamos todo el rato:

- ¡Ten cuidado!
- ¡Te vas a caer!
- ¡Más deprisa o más despacio!
- ¡No sabes! ¡Así no!.....

Nuestro hijo sea lo que sea que esté haciendo, fallará. Si en cambio nuestra actitud es diferente:

- ¡Corre!
- ¡Tú puedes!
- ¡Vas a ganar!
- ¡Disfruta!

Nuestro hijo, lo conseguirá. Puede que no gane, pero llegará a la meta con la sensación de apoyo y de haberse esforzado al máximo.
Hay que tener cuidado ya que esto es un arma de doble filo, tanto sirve para bien como para mal, es nuestra actitud la que determina cómo nos van a ir las cosas. 
Ayudemos a nuestros hijos a llegar a las metas que se propongan, pensemos en positivo y enseñémosles a que ellos también lo hagan. Su autoestima, nos lo agradecerá al final del día.



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