Me da miedo que crezca, por Tomás (Er Perro Andaluz)

Me da miedo a que crezca.

Yo soy el octavo parto de mi madre, el menor de la casa, "el consentido", me decían mi hermanos mayores, pero esta posición jerárquica me convirtió en mi adolescencia en el canguro recurrente de la mitad de mis sobrinos. Entonces me molestaba la idea de perder una tarde o un día entero cuidando de ellas o de ellos, pero lo cierto es que lo disfrutaba como lo que nunca he dejado de ser, un niño (ahora ya con canas). Disfrutaba jugando a la vez que aprendía lecciones que hoy me son imprescindibles para poder criar a mi hija. 

Hoy mis sobrinxs ya son adultos y alguno me ha convertido en tío-abuelo, cosa que me llena de orgullo, pero mi memoria mira hacia atrás con añoranza a esos años cuando apenas balbuceaban y el olor de sus nucas era lo más tierno del mundo, porque me supo a poco. Se pasaron tan deprisa esos años que ahora, aquí sentado delante de mi hija, me muero de pánico al pensar que ella también está creciendo sin parar, y que estos primeros años se van a pasar tan deprisa como se pasan todas las cosas buenas. No es que no quiera que crezca, solo es que me da mucha pena que se pase tan rápido.

Trato de no perderme ni un segundo de estar cerca de ella, aprender su código de balbuceos y memorizarlo, fotografiar en mi memoria sus miradas de sorpresa cuando descubre algo nuevo y hacer acopio de anécdota graciosas que le saquen los colores cuando sea mayor.

En fin, todas esas imágenes, emociones y sensaciones que no son capaces de captar las cámaras ni los pinceles.

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