Bebés inesperados. Testimonios en primera persona.


A veces un embarazo llega de manera inesperada, inoportuna... Y lo que debería ser una alegría supone de entrada un shock. 
Hoy queremos ofrecer testimonio de "bebés no buscados, pero encontrados y finalmente bienvenidos", como dicen en uno de nuestros relatos. Porque aunque en el momento de ver el positivo en la prueba parece que todo se viene abajo, pronto esa situación dará la vuelta. Da igual que tu bebé haya sido buscado o no. Nunca encontrarás mayor satisfacción que en él:







Nunca había compartido mi experiencia, pero me he animado a escribirla aquí y espero que sirva de ayuda a quien se sienta identificada con la llegada de un bebé no buscado, pero encontrado y bienvenido.

Teníamos 20 años cuando supimos que íbamos a ser padres. Una personita crecía dentro de mi, fruto de una relación de apenas cinco meses. Tampoco teníamos nada estable económicamente, y eso era lo que más nos preocupaba.

Aunque nos lo habíamos imaginado, fue duro ver el test de embarazo positivo. Tanto, que lo tuvimos que repetir. Emoción. Ganas de llorar. Y sobre todo miedo... mucho miedo. Un conjunto de sentimientos se apoderaban de nosotros. Lo único que teníamos claro y en lo que estábamos los dos de acuerdo, era que nuestro futuro bebé se merecía una familia. Un hogar en condiciones. Una estabilidad.

Cuando dimos la noticia a la familia, en general recibimos palabras de ánimo (aunque algunos se llevaron las manos a la cabeza). Creo que el apoyo es muy importante. Sobre todo emocional. Sentirte comprendida, respetada, acompañada...

Nos lanzamos a alquilar un piso. Fue difícil. La convivencia con una persona a la que apenas conoces (a pesar de sentir que conectábamos al 100% siempre surgen roces). Para colmo me quedé sin trabajo en el cuarto mes de embarazo, cosa que creaba más tensión.

Las hormonas, estar en casa todo el día, la mayor parte del tiempo sola. Mi cabeza no paraba de atormentarme. Sentimientos contradictorios cada vez más, y muy pocas ganas de salir, de pasear, de cuidarme... de todo en general. Pero él siempre estuvo ahí. Aguantando mis días buenos, malos y peores.

Pasaron los meses. Cada día que pasaba crecía mi inseguridad, a la vez que iba llegando el momento esperado. Las clases de preparación al parto me ayudaron mucho, incluso se me quedaban cortas. Me di cuenta de que el embarazo no es como te lo cuentan. Que hay más mujeres como tú, con altibajos, cambios de humor y demás. Que todo eso entra dentro de lo normal y no estás loca.

Empecé a leer mucho sobre maternidad. Me dio por hacer patucos de ganchillo, collares de lactancia, manualidades para decorar la habitación del pequeñín (que luego no utilizó, jeje). Hice un diario de embarazo en el que, cuando me apetecía, escribía mis sensaciones (y sigo escribiendo los avances del pequeño Jorge). En general, empecé a conectar conmigo misma.

La maternidad me ha proporcionado otra vida, otra concepción de mi misma que no conocía. Después de tener a mi niño en brazos, de verle crecer, siento que todo lo que hemos pasado, todos los periodos a los que se pueden ver sometidos dos padres novatos, inesperados y jóvenes ha merecido la pena.

Hemos cambiado muchas cosas, muchos planes para adaptarnos a la nueva vida en familia, pero no lo cambiaríamos por nada. Seguimos adaptándonos a cada fase, creciendo como personas y, sobre todo, aprendiendo del mejor maestro que podíamos tener. Nuestro hijo.



Anónimo


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Una imagen vale más que mil palabras. Eso dicen, ¿verdad?




Pues ahí está.

El resultado del test de embarazo, positivo.

Si todo va bien para finales de agosto o primeros de septiembre tendremos un bebé.

Después de haber asumido que nunca llegaría a quedarme embarazada y que ya se me había pasado el arroz, de pensar que ya era viejuna para estas cosas, resulta que no, que estamos hechos unos jovenzuelos y si todo sale bien, vamos a ser papás.

Sí, ese ha sido nuestro regalo de Papa Noel. Una sorpresa inesperada que no pensábamos que iba a llegar y que hace que nuestra felicidad sea más completa aún, si es que se puede.

Cuando decidimos casarnos hablamos del tema niños, claro, decidimos que ya teníamos una edad y que seguramente iba a ser muy complicado un embarazo de forma natural. Yo la verdad es que no me veía con ánimos de empezar con tratamientos e historias así, he visto a parejas obsesionarse con el tema para terminar desilusionándose así que decidimos dejarlo en manos de la naturaleza, ha sido el “si viene, que venga y si no viene, pues que no venga” al fin y al cabo nos tenemos a nosotros que es lo importante.

Pero la naturaleza ha decidido que no, que estamos sanotes y que hay que mantener el país y traer niños al mundo para que cuando nos jubilemos haya quien pague las pensiones :D

Hemos llamado a mi madre, sabemos que es muy pronto aún para contar nada, pero teniendo en cuenta que mi abuela nos dejó la semana pasada, hemos pensado que una noticia así la iba a animar mucho.

Cuando se lo hemos dicho se ha quedado callada, sin decir nada, no reaccionaba. La noticia le ha pillado por sorpresa, se ha quedado en shock. Como mi hermana y mis sobrinos estaban con ella también se han enterado de la noticia, a mi hermana solo se le ha ocurrido soltarnos un “¡ Estáis locos!”. Parece que van a necesitar un tiempo para digerirlo :D

Unas horas después he vuelto a llamar a mi madre, ya lo tenía asimilado y esta muy ilusionada, mi hermana también. Hemos pedido cita para el médico de cabecera, nos la han dado para el día dos. Una imagen vale más que mil palabras Eso dicen verdad?


Eva Tarín
Post original publicado aquí.


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Mi pareja y yo vivíamos juntos, compartiendo piso con otros compañer@s. Yo estudiaba un ciclo formativo y él trabajaba.

Tomaba la pastilla anticonceptiva y decidí dejar de tomarla porque me hacía encontrarme mal... Pues fue en el periodo de "descanso" de la.pastilla cuando tuvimos relaciones como siempre, sin prensar en nada. Pero la próxima caja no la tomé.

Sin ni siquiera acordarnos de aquello seguimos con nuestra vida. Yo estaba muy tranquila en los primeros días de retraso ya que las reglas eran un poco irregulares así que ni me.dio por pensar en embarazo, pero cuando ya paso un mes decidí hacerme la prueba solo por si acaso, tranquila, pensando que era imposible, que no podía hacer pasado nada.

Así que aproveché una tarde que estaba sola, mi pareja trabajando, fui a la farmacia y compre un test. Mientras lo hacía ya empecé a ponerme nerviosa, pero en todo momento pensando que era imposible. En el momento que vi las dos rayitas pensé que debía tratarse de un error, que no me podía pasar a mi eso.

Tenía 19 años, estaba comenzando el ciclo formativo y tenía muchos planes por delante, los.cuales no incluían un bebé, por supuesto.

Empecé a llorar y llorar sin parar, llamé a mi pareja y le dije lo que había salido. Recuerdo que él se reía y me decía: "Pero no llores, que no pasa nada, mujer...". Yo estaba alucinada, ¡cómo podía hacerle gracia la situación! Me encontraba en shock no sabía ni que pensar ni que sentir, estaba en blanco pero aterrada.

Estaba mi cuñada en casa así que le conté lo que me pasaba y recuerdo sus palabras como si fuera ayer: "Uy, pues date prisa, que en cuanto se ponga el PP otra vez en el gobierno van a quitar la ley del aborto".  Y ahí empece a pensar que tenía que decidir qué hacer.

Creo que siempre supe en el fondo que no era capaz de abortar. No por ningún tema religioso ni nada, simplemente me parecía matar a un inocente que no tenia culpa de nuestro "descuido".

Cuando vino mi pareja solo intentó consolarme diciendo que no me preocupara, que todo iba a salir bien, no me podía explicar que el estuviera tan tranquilo. A los pocos días lo comprendí, cuando empezó a hablarme de "quitarnos" de encima el problema, que nadie se iba a enterar, que no tenía que contar nada.

Yo seguía con la mente en blanco sin decirle nada, ni sí ni no. Fui al médico y le comenté el resultado del test, me lo confirmó con otro test en la consulta y me preguntó que qué pretendía hacer... y yo le dije que no sabía nada.

Me dio información sobre cómo podía abortar, un montón de papeles y me explico que tenían que pasar no sé cuánto días, etc. Recuerdo que me.dijo: "Hagas lo que hagas debes estar muy segura de tu decisión". Yo seguía con la mente en blanco.

Llegué a casa y empecé a leer los papeles, casi me da un infarto cuando empecé a leer las técnicas de aborto, la única "pasable" era la pastilla y ni siquiera entraba como opción ya que me.pasaba de semanas.

Después busqué información de cómo es el embrión y feto en las semanas en las que estaba y pensé que era imposible que pudiera asesinar a este ser que llevaba dentro de mí.

Le conté a mi pareja mi decisión y se puso hecho un basilisco: que eso no podía decidido yo sola, que le iba a ruinar la vida, y un montón de palabras que aún llego clavadas en mi Cabeza. Ese día lloré mucho más que el día del test, me sentí sola y ya tenía que empezar a pensar como me apañaría sola con mi bebé, qué sería de mi vida, etc. Lo que en ese momento tenía clarísimo es que no seguiría una vida sin mi bebé.

Empezaron a atacarme mi pareja y sus amigos, su hermana..., en fin no tenia apoyos. Un día me hicieron encerrona mientras cenaba tranquilamente, se sentaron todos alrededor mio y empezaron a decirme lo egoísta que era, que era una ingenua, una ilusa, que me.pensaba que un bebé es un muñeco pero que luego sería un niño, un adolescente, un joven, tendría mucho gasto económico, no podría salir más, que no tenía ni donde caerme muerta y pensaba traer una persona a este mundo...

Y otro día más entre los miles del embarazo lloré muchísimo y no paraban de decirme cosas, y seguían y seguían... En fin, acabe encerrándome en la habitación con un dolor de cabeza tremendo. De madrugada me despierta el dolor insoportable de cabeza, decido ir a urgencias, le digo a mi pareja que me encuentro muy mal y me dice que el tiene que madrugar al día siguiente, que le deje descansar.

Me dieron migrañas varias veces muy fuertes en el embarazo, tenía que ir a urgencias siempre a que me pincharan y por supuesto siempre fui sola.

Mi pareja me llevó a ver una clínica de aborto con la esperanza de que yo cambiara de idea. La chica nos explicó y yo, cómo no, llorando, le dije que no quería hacerlo, que no pensaba matar a mi bebe. Él se enfadó mucho, me dijo que "gracias por joderme la.vida ", "me estás destrozando" y un sinfín de cosas de ese tipo.

Decidí contárselo a mi madre, que se disgusto mucho pero me pidió que, por favor, terminara mis estudios, que ella me ayudaría lo máximo posible. Se lo contó a mi padre y, la verdad que su reacción fue bastante buena, hasta le hizo ilusión y fue el primero que me dio la enhorabuena. Después mis amigas me apoyaron también. Ya me sentía un poco más "apoyada".

Una mañana fui al baño y había manchado muchísima sangre, mi padre me acompañó a urgencias. Mientras esperaba en la sala para pasar, tenía muchísimo miedo, pensaba que perdería a mi bebe, estaba triste y muy preocupada. Cuando me revisaron me dijeron que todo estaba bien, me enseñaron mi pequeño Casper, era tan bonito... Después me dejaron oír los latidos de su corazón. Ese fue el momento en el que me enamore perdidamente de mi peque, era lo más bonito del mundo y estaba dentro de mí. Ese momento me.dio fuerzas para hacer frente a todos, a ignorar los comentarios y las ofensas.

Le dije a mi pareja que él hiciera lo que quisiera, que yo seguiría adelante con o sin él, que si él decidía no seguir con nosotros yo no le reclamaría nada, ni le pediría nada nunca. Por desgracia teníamos que seguir en el mismo piso por motivos económicos. Él intentaba cada día convencerme de que abortará, pero después de un tiempo lo asumió y se amargo: siempre estaba borde conmigo, me trataba mal, me ignoraba... Pero decía que él estaba obligado a estar con nosotros y que no me dejaría, que seria una vergüenza porque también es su hijo.

Así empezaron a pasar los meses, yo feliz con mi tripita, seguía asistiendo a clases y ya todo el mundo sabia de mi embarazo. Cuando parecía que todo se había calmado un poco, una mala noticia llegó: A mi madre le.diagnosticaron un tumor, tenían que operarla urgentemente, una operación muy complicada. Empecé a acompañarla a los médicos. La ingresaron en otra cuidad a 200 km de nuestra casa. Mi padre se marchó a trabajar a otro país y mi hermana empezó a prepara su selectividad, así que nos quedamos las tres solas (ya sabía que mi bebe era una niña) en el hospital. Dormí muchas noches en un sillón, con 5-6 meses de embarazo y comía de bufet y cosas baratas. Había enfermeras que hasta me trataron fatal, diciéndome que ese no era sitio para mí, que debería de estar en casa.

Por fin llegó el día de la operación, tenía mucho miedo, nos advirtieron que era muy delicado que no aseguraban nada. Desde que entró por la puerta de quirófano y las puertas se cerraron detrás de ella comencé a llorar sin parar. Esperé 14 horas en las sillas de la sala de espera, tan incómodas... me daba paseos, me sentaba, ya no sabia que posición tomar.

Finalmente nos informaron que habían quitado con éxito todo el tumor, que ella aun estaba dormida pero que podríamos verla pasada una hora. Cuando subimos a la UCI y vi a mi madre con tantos aparatos, drenajes, vías.. Puf, casi entro en shock.

Esa noche nos fuimos a casa porque no podíamos estar en la.habitación si ella estaba en UCI y volvimos al día siguiente sin apenas dormir.

Cuando mi madre despertó me quede con ella. No podía hablar ni moverse así que tenia que hacerle todo. Mi madre pesaba más de 80 kilos y yo, incluso con lo que había engordado, 60 y pocos... Tenía que moverla, asearla, de todo, cuando comenzó a andar un poco tenía que servirle de apoyo, hasta se cayó alguna vez y la tuve que levantarla yo sola. Gracias a Dios se fue recuperando.

Después empezamos a saber cada vez menos de mi padre. Nos dejó bastante tiradas.

Pasaron los meses y terminé mi curso escolar gracias al gran apoyo de profesores y compañeros que me pusieron las cosas bastante fáciles para poder sacarlo. Les estaré eternamente agradecida por el apoyo.

Mi pareja decidió "apoyarme" y estar "juntos". Lo pongo entre comillas porque eso decía y lo cumplió muy a medias.

El día del parto fui yo sola con contracciones al hospital en coche (60km), ya que mi madre no podía conducir bien. Yo ya vivía con ella. Él no apareció hasta casi antes nacer nuestra pequeña.

Parto totalmente irrespetuoso, doloroso con chute de oxitocina y sin epidural. Sufriendo sola, sin una mano ni una mirada de preocupación y amor...

Cuando vi a mi pequeña me enamore por segunda vez (después de las ecos), amor verdadero, más sincero y fuerte que ninguno otro en el mundo. El amor de madre que todo lo puede y todo lo vence.

Y ha sido muy duro desde entonces, pero no por mi pequeña, eso seguro, los bebés no hacen la vida más difícil, son los adultos que nos rodean. A día de hoy consideramos todos a mi niña como un tesoro, la quiere todo el mundo, una niña muy sociable, amable, buena, generosa, preciosa, en fin... qué voy a poner yo de ella si soy su mamá, jeje.

La adoro y daría por ella mi vida mil veces y volvería a pasar mil calvarios solo por tenerla conmigo. Colechamos y tomamos teta tres años después y creo que en ningún tipo de vida de los que tenia planeado para mí, habría sido más feliz.

Además, termine mi ciclo y ahora me quedan dos años de universidad gracias a mi madre que me ayuda siempre al máximo posible. Todo es posible y se puede. Todos los niños son regalos y bendiciones y todos los embarazos deberían de ser momentos felices y únicos para las mamas, y no tan horribles y llenos de tantos momentos estresantes y negativos como el mío.

A día de hoy, cuando veo fotos o por la calle parejas con su pancita me dan ganas de llorar. Añoro un embarazo feliz como el que nunca tuve.


Anónimo

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