Arrepentimiento

Cuando, durante mi embarazo, mi matrona comenzó a hablarme de porteo, colecho, de Carlos González..., chocaba radicalmente con todo lo que me habían hecho aprender con mi hijo mayor y pensé que me había tocado una hippy, que qué le íbamos a hacer...

A base de insistir con esos temas, acabé buscando en google quién era el famoso Carlos González, vi un video y la verdad que, aunque en aquel momento me pareció que decía cosas muy impropias de un pediatra, me cayó bien. Un video de este hombre hablando sobre alimentación complementaria me llevó a hacer una nueva búsqueda: BLW. Lo hablé con una amiga que también iba a ser mamá poco después que yo y que estaba más enterada (o estaba igual de enterada pero como no tenía hijos mayores no le resultaba tan chocante y contradictoria esta información) y me sugirió apuntarme a un grupo de Facebook. De este grupo de Facebook llegué a otro más general sobre crianza. Mientras, mi matrona seguía hablándome de cosas que, bien pensadas, tenían su lógica. Cada vez más.

Llegó el día del parto, apuré la llegada al hospital hasta apenas una hora antes del nacimiento por el miedo que tenía a una nueva carnicería y, al llegar, me encontré con dos matrona que me hablaban con respeto y comprensión, me sugirieron adoptar la postura que considerase más cómoda y me pusieron a mi hija encima desde el momento en que nació. No la separaron ni si quiera para pesarla hasta dos horas después, mientras me insistían en lo importante que era el contacto piel con piel desde el primer momento y me ayudaron a iniciar la lactancia allí mismo.

No me lo esperaba. Tal vez mi matrona no era tan hippy. Tal vez las cosas estaban cambiando de verdad.

Seguí investigando, cada vez participaba más en los grupos y cada vez iba cobrando todo más sentido, hasta el punto de que me empezaron a parecer absurdos algunos consejos que había seguido con mi hijo mayor, al que le di de mamar durante diez minutos exactos cada tres horas exactas y lo único que conseguí con ello fue agotar la lactancia en seis meses y un bonito cólico del lactante, que ya dudo si eran cólicos o ganas de mamar y consolarse conmigo. En cambio, la niña iba creciendo con un lustre que jamás tuvo su hermano sin que aparentemente le doliera nada. ¿Por qué entonces los pediatras de hace años recomendaban prácticas artificiales y encorsetadas que, además de ir contra la lógica, complicaban la situación en lugar de solucionarla?

Mi cambio de visión sobre la lactancia se extendió a la alimentación complementaria (¿por qué darle una papilla de arroz desidratado, extrusionado y azucarado pudiéndole dar arroz?), al colecho (¿por qué tener que levantarme mil veces por la noche pudiendo tener al bebé al lado para dormir mejor las dos?) y, por último, a la educación;

Descubrí la educación respetuosa, algo que no haría falta descubrir porque debería ser un comportamiento obvio, pero no lo es. Recordé que, cuando era pequeña, respetaba mucho más a un profesor que me decía "Fíjate bien en lo que has hecho y piensa dónde está el fallo" que a otro que insinuaba de malas maneras que yo era tonta cuando fallaba una pregunta. Recuerdo que con el primero me daban ganas de seguir aprendiendo y con el segundo me daban ganas de mandarle a la mierda y pasar de todo. Y esto me llevó por fin a revisar la educación de mi hijo mayor.

Es muy, muy difícil, quitarse de la cabeza ideas que me habían ido metiendo con calzador desde que nació, desde el mismo pediatra hasta las técnicas de modificación de conducta que estudié en la carrera, ideas como "se te está subiendo a la chepa", "no le permitas ni una", "la adulta eres tú, tú eres quien pone las normas", etc. No es que no sean ciertas, es que están mal planteadas de base. No se puede educar a la defensiva, y había tardado casi 15 años en darme cuenta. ¿Y ahora qué podía hacer? Ya era demasiado tarde, ya no era un niño. Mi hijo había crecido en un ambiente hostil por mi culpa. Empecé a verle de otra manera. Lo que antes me parecían conductas provocadoras, ahora seguían siendo un problema, pero empezaba a entender de dónde venían. Empecé a empatizar: él no era un tamagochi al que educar, era una persona que merecía el mismo respeto que yo. Pero han sido 15 años de relación con él y es muy difícil cambiar de repente la manera de tratarnos.

He hablado con él sobre este tema y no estoy segura de que lo haya entendido. Le he explicado que quiero cambiar nuestra relación y la manera en que reaccionamos el uno al otro, le he pedido perdón por las veces que no le tengo paciencia... aunque me sigue costando a veces controlarla. Pero después de esta conversación, creo que lo único que él piensa es que empiezo a chochear. Me dice que no pasa nada, no le da importancia, pero para mí sí es importante.

Me queda muchísimo por aprender, pero hoy necesitaba escribir esto para liberarme y para darle las gracias a mi matrona, porque si ella no me hubiera hablado de crianza natural, nunca hubiera llegado a ver videos de Carlos González; y si no hubiera dado con un video sobre alimentación, nunca hubiera conocido el BLW; y si nunca hubiera conocido el BLW, nunca hubiera entrado en los grupos de Facebook; y si nunca hubiera entrado en los grupos de Facebook, nunca hubiera conocido otra manera de hacer las cosas. Y supongo que he llegado a conocer todo esto demasiado tarde, pero al menos me ha dado tiempo a pedirle perdón a mi hijo. Algún día se dará cuenta de que todo lo que hice, lo bueno y lo malo, fue pensando siempre que era lo mejor.


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