UNA MANERA DE ENTENDER Y VIVIR EL AMOR: Ni sumisas ni devotas ¡Libres, lindas y locas!, por Mónica Ruiz

Estos días atrás, la realidad sobre la violencia de género ha formado parte de mi tiempo. Así que quiero compartir una reflexión ¿Cómo estamos construyendo hoy la manera de entender y vivir el amor?


Según un artículo de El Periódico (jueves 24 de noviembre de 2011) “El 80% de los jóvenes creen que en una relación la chica debe complacer al chico”.

Como sabéis soy madre de tres hijos que disfrutan (y disfrutamos) de su infancia: Mi hija pequeña tiene 9 meses, la mediana 8 años y mi hijo mayor tiene 11 años. Ellos han formado parte de mis primeros pensamientos, mientras releía ese artículo.

Todavía no han llegado a esa etapa de la adolescencia, tan experimental y también incierta, pero me resulta preocupante -que todavía hoy- la desigualdad de género y el enquistamiento de valores y roles tradicionales relacionados con estereotipos y discriminación por género, generen (o degeneren) en un proceso que ralentiza conseguir plenamente la equidad de género, la coeducación y la prevención de la violencia de género.

Es una dura realidad que refleja este artículo y es un hecho que también lo puedo observar actualmente en el entorno escolar, familiar y social donde están creciendo mis hijos y donde están desarrollando su autoconocimiento y su propia identidad.

Mi siguiente reflexión me ha llevado a mirar hacia mí misma como madre, educadora y reflejo para mis hijos. Me he preguntado: ¿qué modelo de feminidad y masculinidad estamos – mi marido y yo- aportando a mis hijos? ¿Qué mensajes son portadores de libertad e igualdad? ¿Qué mensajes están ligados hacia una dependencia a otras personas? (Página 21, Prevención de la violencia de género en el contexto laboral y educativo. Mariona Bosch).

Por suerte, estamos alejamos de esas actitudes y comportamientos totalmente desequilibrados de la España de los años 40 o 50 donde la sociedad permitía aceptar abiertamente prejuicios de género, que potenciaban la relación desigual y jerárquica del hombre hacia la mujer. Como muestra el siguiente fragmento cinematográfico…”Palos, (…)…debes obediencia, (…)…baja la cabeza, (…)…es el mejor argumento que se puede esgrimir con las mujeres”…)



Considero que los porcentajes del artículo del Periódico podrán cambiar a mejor cuando nos demos cuenta de:

   • Qué esquema familiar y educativo nos acompaña,
   • Qué prejuicios nos han enseñado y
   • En cuáles tenemos la responsabilidad de desaprender o reaprender.



Por tanto las conclusiones estadísticas y de comportamiento, que aparecen en este artículo, son fruto de un aprendizaje donde todos y todas formamos parte del problema y de la solución: seguir transformando nuestra sociedad para que, los chicos y chicas en crecimiento físico y emocional, puedan utilizar unas herramientas distintas para construir, sentir, explicar y vivir el amor; así como la relación entre niños y niñas, hombres y mujeres, padres y madres, peluqueras y peluqueros, profesoras o profesores, médicas o médicos, camioneras y camioneros, amas de casa o amos de casa… Podemos destruir mitos y construir el amor y nuestras relaciones en base a un respeto mutuo y equidad de géneros (Página 23 y24, Prevención de la violencia de género en el contexto laboral y educativo. Mariona Bosch).




 Mónica Ruiz Romero 
 Col.16209 
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