Partos en casa y doulas. Testimonios en primera persona


Doy gracias a mi madre que me mostró y trasmitió la confianza y la seguridad que desde niña he sentido respecto al embarazo, nacimiento y crianza. Fruto de un parto feliz, gratificante y maravilloso que fue el nuestro (suyo y mío) hace 25 años en Pruvia, acompañada de mi padre y de sus amigos y profesionales Valentín y María, gracias a ello tengo tan claro desde siempre que dar a luz en casa es la manera natural y responsable de parir.

Mi cuerpo sabe que tiene que hacer y Jana también, estará lista en el momento necesario para girar, descender y comenzar su vida en el exterior de la mejor manera para nosotras. Dándonos la oportunidad de disfrutar de un viaje que será único y placentero.

Y para aquellos que piensen que es una decisión imprudente, irresponsable, un capricho o incluso una locura, decirles que aparte de mi vivencia personal respecto al parto en casa, siento, creo y sé gracias a la formación llevada a cabo en estos dos últimos años de trabajo acompañando a mujeres de parto en sus hogares, que es la decisión más segura para mí y mi bebé.

No quiero oxitocina sintética en mi parto, no quiero episiotomía en mi periné, no quiero que se corte el cordón que nos une a mi hija y a mí hasta que haya dejado de latir, no quiero que se aparte a mi pareja de nosotras, no quiero arriesgarme a que me hagan una cesárea innecesaria, no quiero que me quiten a mi hija de los brazos para pesarla, medirla ni incluso para reanimarla si hiciera falta y todas estas cosas son, lamentablemente, a lo que te expones en cualquier hospital español y eso teniendo suerte. Sin mencionar que esta rueda de intervenciones al que llaman protocolo aumentará el riesgo de sufrimiento fetal y de un parto instrumentalizado como forcéps, ventosa, kristeller o incluso cesárea, lo que supondría una horrible experiencia en mi vida. Así que, aquí, en nuestro nuevo hogar, en Somao, esperamos David y yo impacientes a nuestra hija ¡Bienvenida seas Jana!

Raquel Álvarez
Esto lo escribió la mamá de Jana poco antes de que naciera. Todo fue según lo previsto, "grandioso".
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Mis miedos, inseguridades y dudas me condujeron a hacerme la pregunta ¿POR QUÉ NO PARIR EN CASA?

A mi tercera hija Ona, decidí parirla en casa. Esta decisión actual se remonta 10 años atrás, cuando nació mi primer hijo. Fue un parto hospitalario, medicalizado y sin “final feliz”; ya que sufrimos 32 horas de acciones y decisiones que acabaron en cesárea y puerperio difícil. Con este “San Benito” ya colgado, el de cesárea previa, se cerraron las puertas en cualquier hospital para llevar a cabo un parto natural con mi segunda hija. Pero la decisión de vivir un parto en casa no estaba madura y optamos por un parto hospitalario. Nuevamente inducido (volvía a superar la semana 41 de embarazo), pero con un final mejor: parto vaginal y puerperio feliz.

La experiencia de mis partos anteriores me llevó, en la actualidad, a ser consciente de la seguridad más firme y absoluta: - NO QUIERO PARIR EN UN HOSPITAL. - NO QUIERO QUE PONGAN FECHA Y TIEMPO A MI EMBARAZO Y PARTO. - PUEDO PARIR SIN ANESTESIA (EPIDURAL). - NECESITO SENTIR EL DOLOR DURANTE EL TRABAJO DE PARTO. - QUIERO ESTAR EN CONEXIÓN ABSOLUTA Y PLENA CON MI BEBÉ… …por tanto, esta vez ¡VOY A PARIR EN CASA!

Y así, el 13 de agosto de este año, nació mi 3ª hija Ona en casa (y utilizando las palabras de mis comadronas de referencia –Laia Casadevall y Lucía Alcaraz - del equipo de Néixer a Casa) “…en el agua: Un parto suave hasta que su madre ha notado un "cloc" y nos ha avisado de que algo se encajaba dentro de ella. En pocos minutos y tres pujos después (y yo añado, muy sonoros y operísticos) su preciosa bebe de 3860 gr. nacía. Sus dos hermanitos, el primero nacido por cesárea y la segunda por parto medicalizado han presenciado este hermoso momento. ¡Felicidades familia! …” 

También quiero compartir con vosotros y vosotras parte de la vivencia de mi pareja y de mis hijos:

MIGUEL email del primer día de trabajo de Miguel: “Vuelta al trabajo. Hola Mónica. He llegado antes al trabajo y quería deciros a ti y a los niños que las vacaciones me han gustado mucho, han sido excepcionales porque ha nacido el tercer tesoro de la casa, También decirle a Lua e Ian que estoy muy orgulloso de ellos por lo superbién que se han portado y, sobretodo, teniendo en cuenta tantos días que hemos tenido que estar en casa por Onita. Os quiero picotazo, niños. Y a ti, Mónica, te digo que eres una campeona como madre con Ona; ya que le estás dando exactamente lo que necesita. Felicidades por lo bien que lo hiciste en el parto y felicidades por lo bien que has tratado a los niños estas 3 semanas. Os deseo un buen día de familia, aprovecharlo hoy y las próximas dos semanas. Sois fantásticos y me convertís en un hombre rico en amor y felicidad, que es lo que siempre he buscado en la vida. Gracias a los 3, bueno y a Ona por nacer sana y vivir en nuestra familia”. 
 Y yo decirte, Miguel, que me has ofrecido lo que necesitaba en todo este proceso y que estás respondiendo como el buen padre que eres y amorosa pareja paciente (sobre todo ante las demandas permanentes de Ona, nuestro animalillo). Gracias por querer estar. Te queremos muchísimo.

MIS HIJOS: Estuvieron presentes durante todo el proceso, eligiendo libremente qué hacer y por dónde moverse. Les he preguntado ¿qué os pareció ver nacer a Ona?
IAN (10 años): “Muy chuli. Ha sido una experiencia divertida porque pude ver nacer a mi hermanita y esto no lo pude hacer con mi otra hermana. Lo que más me gustó fue ver salir a Ona de la vulva de la mama”.
LUA (7 años): “Super bien. Porque ya tengo una hermanita nueva y es muy dulce. Lo que más me gustó fue ver a mi hermanita salir y poder cortar el cordón (cordón umbilical)”.

Que Ona haya podido nacer en casa ha sido una decisión y experiencia única, natural y antiestrés. Creo que la forma de nacer de Ona ha sido uno de los mejores regalos que nos hemos hecho como padre y madre y a nuestros hijos Ian, Lua y Ona. Posiblemente, yo no vuelva a tener otro bebé pero sí que he iniciado en nuestra familia un modo de crianza y apego que ya ha germinado hacia un nuevo estado de conciencia en todos nosotros. Nacer en casa es un opción que debería formar parte de la norma sociosanitaria y no de la excepción; ya que la VIDA tiene sus propios planes, decidamos dar a luz a nuestros hijos e hijas en un hospital o en el hogar. GRACIAS a la VIDA y GRACIAS a Miguel, Ian, Lua, Ona, Laia, Luci, Roser, Inma, María, Raquel y familias con las que he compartido los talleres durante mi embarazo y encuentros posteriores al parto.


Mónica Ruiz Romero, nuestra psicóloga colaboradora.
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De entre todas las opciones, escogemos este lugar y no la esterilidad de cualquier hospital del mundo, ni la impersonalidad de la mejor casa de partos, porque éste es el lugar donde nos sentimos cómodos, porque aquí cada detalle nos identifica, porque aquí tenemos el control y moldeamos el espacio a nuestro gusto, creando el nido para recibirte y criarte. Aquí nos sentimos seguros, libres de protocolos caducos, nosotros escogemos lo que asumimos, rechazando los riesgos frecuentemente creados por intervenciones injustificadas y asumiendo los infrecuentes que no se puedan solucionar en casa, aquí nosotros creamos nuestra experiencia, sin delegar las riendas en manos ajenas.

Quiero dar a luz en el calor de mi hogar, como todas las mujeres de mi familia han hecho antes que yo. Quiero cotidianeidad en este día que cambia nuestra vida. Un día normal en pocos meses se convertirá en ese día especial en que tu y yo caminaremos de la mano el sendero de nacer y dar a luz.  Y ese día lo sencillo, lo complejo y perfecto de la naturaleza nos envolverá como una manta de lana en invierno, frenando la mente. Observaremos con atención el silbido del viento, el rumor de la lluvia sobre las tejas, la luminosidad de algún rayo de sol en un día de invierno, el resplandor de la nieve impoluta sobre las montañas, los brotes a punto de florecer del Magnolio. Hemos preparado cuidadosamente este nido para disfrutar del último viaje contigo en mi vientre, para iniciar esta familia con intimidad, gozo y plenitud, en el lugar perfecto.

Raquel, con su bebé en el vientre, nos acompañará escribiendo su versión de nuestro cuento y sonreirá sabiendo que muy pronto será su turno. Haremos un festín, cantaremos la banda sonora de los años que hemos compartido antes de que llegaras, chapotearemos en la piscina instalada para la ocasión y te mimaremos a través de la piel. Compartiré contigo, en cada gota de sangre que nos une, el placer de cada sensación, la oxitocina y endorfinas que brotan con cada caricia, mirada y sonrisa.

Quiero sentir nuestro parto con plenitud, que con la fuerza de un río, la intensidad me enseñe a dejarme llevar por la corriente. Quiero un parto largo y sin prisas, donde el reloj se pare y la atemporalidad nos empape, donde saboreemos cada segundo sabiendo que sólo durará un instante. Quiero recibirte con nuestras propias manos, untarnos los dedos de vermix, oler tu piel, mirar largo y tendido en la profundidad de tus ojos, compartir calor pegados a tu piel... sentir con intensidad nuestros primeros segundos, horas, días, semanas... juntos, en la intimidad de nuestro hogar.


Valle Pérez. Matrona (contacto en "Directorio de profesionales respetuosos" de esta web. Asturias)
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Soy diplomada y licenciada universitaria, trabajo en la sanidad, no me dan miedo los médicos, ellos curan, pero yo estoy embarazada, sana; confío en mi, en mi bebe, en la vida.

Siempre tuve claro que quería un parto lo mas natural posible, el sistema sanitario público no cubre parir en casa a nuestro ritmo. Busco una matrona que me asista en casa, la encuentro. Ocasionalmente la acompaña una doula, me pregunta si quiero que esté en mi parto. Yo me sentía sostenida por mi pareja pero pensé... ¿por qué no?

El día del parto me escondía en la ducha a respirar, sentir el calor en mi espalda... A ratos me apetecía estar a solas, a veces me colgaba de mi pareja o de un árbol... Ellas parecía que no estaban pero estaban... ofreciéndome... sugeriéndome... Sin presiones ni intervenciones... Sigilosas, sin hacer ruido. La doula no me obligó a querer parir en casa. Yo lo tenía muy claro y mi pareja me acompañaba La doula no me obligó a comerme nuestra placenta, hice lo que yo quise acompañada de mi pareja. La doula no me obligó a darle pecho... Yo sigo la lactancia porque mi peque y yo queremos.  La doula no interviene, no invade, no somete, no infantiliza, etc., como hacen muchos profesionales sanitarios el día del parto.

Una buena doula, respeta, ofrece, informa, desde la prudencia y el amor, pero siempre es la madre la que decide, la q pare, la que se informa y asume sus decisiones...o así debería ser.



Bea.


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Durante el post-parto contacté con la que fue mi doula al final de mi embarazo. Ella necesitaba una madre reciente para hacer las prácticas, y yo pensé que me iría bien contar con alguien que no fuera familiar para... No lo tenía muy claro, pero algo me decía que iba a ser necesario. 

Tuve un parto medicalizado, agridulce, donde el momento de sacar yo a mi pequeña y ponerla al pecho fue la experiencia más increíble de mi vida. Luego vino la oscuridad, la separación forzosa, la operación de urgencia y la soledad. Sigo creyendo que esa separación marcó la angustia de separación que muestra la peque y que ha sido una constante en su crecimiento. 

Me dieron el alta exhausta, cansada, sin fuerzas... Todo el mundo estaba feliz con la llegada de la peque, y como es normal, quedé en segundo plano. Sin poder llorar porque no es lo que la gente espera. 

Mi doula fue una válvula de escape. Ella estaba allí para escucharme y dejarme llorar, para pasear conmigo cuando más necesitaba del aire, para hacerme ver que los bebés no son como nos explican, para hacerme conocer un mundo donde los brazos son necesarios, donde los bebés maman a menudo, donde seguro que lo estoy haciendo genial porque "todo lo que hagas con amor y respeto, no puede estar mal". 

Estuvo conmigo 16 semanas, mi escasa baja laboral. Dándome las herramientas para emponderarme, para hacerme segura, para escucharme sin juzgar y aconsejarme si yo lo pedía, para ayudarme con la lactancia (tuve la gran suerte que era asesora también), para acompañarme en mi segunda operación de urgencia, para darme fuerzas como madre, que el amor no malcría, para saber buscar ayuda de otras madres.


Olga.


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El parto de Amelie:

Pasé de querer una cesárea programada para no sentir nada a querer un parto natural en casa. ¡Menudo cambio existencial sufrí en ese embarazo!

11 días antes de lo previsto, en el penúltimo día de trabajo, rompí aguas a la 1 a.m. Recuerdo sentir mucha emoción. Escribí a mis colegas del curro cancelando la comida de despedida (vivo en Suecia, permiso de maternidad larguísimo) y recordándoles que si me necesitaba la chica nueva, me podía escribir un mail mejor que llamar (estaré ocupada), jajajaj. Pensé que las contracciones tardarían en llegar, pero no. Llegaron enseguida y bastante seguidas, pero pararon... Bueno dije, ya volverán. Así toda la noche, con falsas alarmas.

Esa noche era la única en la que no tenía matronas disponibles durante 24 horas. ¡Menudo día escogió la colega para nacer! Pensé que bueno, en el peor de los casos estoy preparada para ir al hospital, pero mi cuerpo sabía que teníamos que esperar y me tuvo casi 24 horas con contracciones irregulares. Para matar el tiempo, estuve tumbada (caminar me resultaba incomodo porque chorreaba agua) viendo la oveja Shaun sin parar (es muda y me partía de risa, así que mejor imposible) hasta que a eso de las 18 h. dije: "¡A la mierda! Vámonos a pasear al perro que esto tiene que acelerarse...". Así que nos fuimos a comprar la cena, a saludar a mis suegros, y en el camino yo abrazando árboles, jejeje.

La cosa empezó a animarse a las 21 h. y mi matrona estaba disponible a partir de las 23 h.,  así que dije "bueno, tan rápido no podrá ir...". Me puse en modo parto, sentada en la pelota contando contracciones en una app y escuchando las relajaciones de hipnoparto que tan diligentemente hice para prepararme.

La matrona llego a las 23:30 y me encontró metida en el agua dilatando. Como tenía los exámenes vaginales prohibidos se limitó a escuchar al bebé y acto seguido se fue a dormir al sofá. Ahí me quedé con mi súper mariden, quien intentaba dormir en el suelo mientras yo luchaba "ola tras ola" (ola = contracción en idioma hipnoparto, jejej).

A las 12:30 vino mi segunda matrona, una amiga española que llevaba 10 años como matrona en Suecia. Este sería su primer parto en casa, pero fue ella quien nos dio el curso de preparación para el parto y necesitaba alguien que hablara mi idioma... Recuerdo que me dijo "te estás riendo aún, así que te queda mucho", jejeje.

Cuando me canse de la bañera, me dio una tiritera horrible, tenía muchísimo frío... Uf... Me dio por sentarme en la taza del water y, después de un rato largo allí, empecé a echar tapón mucoso y pedí a mis matronas que vinieran. Escucharon al bebe que estaba fenomenal y se quedaron ya conmigo en el baño. Recuerdo entrar en transición, abrir los ojos y verlas ahí sentadas mirándome sonrientes mientras bebían un café. Me transmitían mucha tranquilidad.

Mi marido, mi roca no me dejaba ni un segundo, pero se iba turnando con Susana (mi amiga) para ayudarme y masajearme como buenamente podían, dado que no me levanté de la taza del water en horas. Recuerdo estar con las visualizaciones del hipnoparto y de repente pensé: "No puedo más". "Que si que puedes...", "No, no puedo... Estoy agotada... Uy, ¿estaré en transición? ¡No puedo!", "Venga, que sí"... Y tuve la necesidad imperiosa de decirlo en voz alta así que le dije a Susana, que en ese momento me ayudaba, "Su, no puedo con esto" y noté que mi voz sonaba desesperada...

Ella me dijo: "Estás fenomenal, todo va bien y esto es lo que querías" y ya internamente pensé: "¡Pues claro que si! Venga, soy una leona!!! Graaaawwwrrr!" Y así me vi siendo un animal salvaje diferente con cada contracción.

Después de eso lo tengo todo un poco mezclado pero recuerdo que me ayudaron a colgarme de un fular para cambiar de posición; mi querida taza del water se quedaba pequeña. También estuve a cuatro patas, en la cama como medio segundo, y apoyada en las piernas de la matrona sueca, Eva María.

De repente me entraron algo así como ganas de empujar, pero no eran muy fuertes... Así que pedí a Eva María que me hiciera un tacto para ver como iba de dilatada. ¡Boom! Estaba de 10 pero faltaban un par de cm. para que la cabeza de mi bebe estuviera pegada al cervix.

Bueno, respiré durante unas cuantas contracciones hasta que las ganas de verdad de empujar llegaron y dije: "¡venga, preparar la bañera!" Cuando la bañera estaba lista, me ayudaron a levantarme para meterme y dije "¡noooo!" Y me puse a cuatro patas en el suelo.

Me ayudaron con cojines y la pelota y ahí estuve luchando empujando durante unas dos horas... Sentí que me quedaba sin fuerzas. Me dijeron que me metiera el dedo a ver si sentía la cabeza. Lo hice y la sentí y eso me dio fuerza, pero pensé: "joder, dónde están esos 10 cm de dilatación, esto está muy prieto..." Y enseguida me di cuenta: "Anda, claro, es el cervix el dilatado, no la vagina!", jajajaj, y me partía de risa en mi cabeza. Pero esos pobres que me estaban asistiendo me veían ahí luchando ... ¡Era como si estuviera en un viaje de speed o algo!

Después de dos horitas empujando como un animal (literalmente, quien me oyera!!!), salió la cabeza de mi bebé, ¡apepinada pero hermosa! Y su cuerpito salió enseguida. Me la dieron y ufff, ¡esas 32 horas sin dormir desaparecieron de un plumazo! ¡Qué subidón mas grande!

Estaba ella allí perfecta y con los ojos enormes abiertos que me miraban con tranquilidad... Estuvimos en nuestra nube de amor alrededor de 1 hora hasta que Eva María dijo... Tenemos que movernos para ayudar a salir a la placenta, todo ha ido tan genial que sería una pena acabar en el hospital por eso... Bueno, pues cortamos el cordón, mi neni se quedo con papi piel con piel mientras yo iba a mi adorada taza del water a sentarme y ¡plop! Salió la placenta sin esfuerzo.

Después de la revisión y ver que todo iba genial, nos dejaron solos en familia... Y entonces me dio la llorera... ¡Éramos padres! ¡Por fin! Después de dos años buscando y un embarazo molar horrible, ¡ya estaba aquí mi ángel! Disfrutamos tantísimo de ese tiempo solos en nuestra casa, comiendo pizza y riéndonos de nosotros... jejeje.

¡La experiencia más increíble de mi vida hasta la fecha, sin duda!


María Laura



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El parto de Elliot:

Embarazo totalmente horrendo, peor que el primero. Nauseas y vómitos constantes y depresión prenatal, aparte de mucha incertidumbre, ya que el servicio de partos en casa de la región cerró en navidades, con lo cual era o parto en hospital con doula o parto no asistido en casa... Ninguna de esas dos opciones me resultaba cómoda.

Estaba perdida hasta que mi matrona del parto anterior, que trabaja conmigo en la ONG que llevamos, luchando por una mejor asistencia y más opciones al parto en Suecia, me dijo que una antigua compañera de trabajo se acababa de mudar cerca de nosotros y que tenía años de experiencia en partos en casa en Noruega y Dinamarca. ¡Boom! La conocimos y la conexión fue buena. ¡Menos mal! El último mes me sentí un poco mas cerca a mi misma.

Después de numerosas falsas alarmas y 7 días después de la fecha estimada, estaba yo tranquilamente de barbacoa en mi jardín con amigos cuando sentí alguna contracción. "Bah, Braxton hicks -dije-. Seguro". Entramos a casa, recogimos y nos preparamos los snacks para ver Eurovisión. ¡Suecia va favorita, venga!

Empece a sentir contracciones mas seguidas pero dije "bah, seguro que otra falsa alarma". Cuando tenía contracciones cada 3 minutos dije: "oye... Le escribo un mensajito a Agneta, la matrona, y a Chery, mi doula, por si las moscas...". Entre esto, que estábamos en casa con los amigos viendo Eurovisión de cachondeo total, Agneta se puso en marcha enseguida porque vive 1 hora a las afueras.

Yo seguía cantando eurocanciones entre contracciones. Mis amigos se fueron a las 23:30 y llegó Agneta. Me encontraron preparando café y bollitos de canela y caminando por toda la casa para distraerme de las contracciones. Subí a mi cuarto y me colgué del fular. No quería sentarme, necesitaba movimiento.

Llego Chery y se puso a hacerme masajes. ¡Madre mía, que bien me sentaron! Agneta se fue a descansar como le pedí, ya que pensé que quedaba mucho. "Con el parto larguísimo la primera vez, esta vez no será menos", pensé.

Chery me ayudaba a relajar los músculos ya que con cada contracción tensaba las manos o los pies. Mi mariden me dijo "recuerda que el único músculo de tu cuerpo que debe estar en tensión es tu útero" y en ese momento me transforme, literalmente, en una muñeca de trapo. Estaba sentada en una banqueta sobre un cojín, durante la contracción me tiraba hacia atrás y Chery me sujetaba y acariciaba los brazos y entre contracciones me tiraba hacia adelante y me apoyaba sobre mi querido mariden. Vi entonces que Agneta apareció sonriente y me dijo que era hermoso ver cómo trabajábamos. Me hizo sonreír internamente. Me sentía bien. Dolorida pero bien.

Agneta desapareció un rato mas, y yo seguía trabajándome las contracciones. Al rato volvió y me dijo que quizás estaría más cómoda en el agua. Yo quería parir en el agua esta vez pero pensaba que era demasiado pronto, que aún me quedaba un montón. Pero la verdad es que era todo muy intenso y dije: "bueno, un poco de alivio no me vendrá mal...".  De repente en el agua pensé: "Jolín, no he roto aguas aún... Que presión tengo allí abajo... Hhmmm, esta presión me confunde, tengo ganas como de empujar...". Bueno, empecé a empujar y tras tres intentos rompí la bolsa, mientras me apoyaba en mi mariden y Chery me hacía de Coach. Agneta se mantenía presente y sonriente sentada en la taza del wc, y entonces me dijo que mirara a ver si podía sentir la cabeza. Dije: "Siento algo pero no sé el qué...". ¡Entonces vino a verme, y me dijo que veía pelo! Muy poco rato después, ¡¡¡sentí que la cabeza salía!!!

Chery estaba grabando esto en video y todo fueron risas. Al sentir la cabeza, la acaricie mientras esperaba la siguiente contracción y estaba eufórica! Nos entró la risa a todos, ¡fue muy bonito! Y pensé: "¡Ostras, el cuerpo sale en la siguiente contracción y el bebe se caerá en el agua! ¿¿¿Y si se hace daño???". Mi mariden pensó lo mismo pero vio que Agneta no se movió y nos miraba sonriente y tranquila así que pensó que se solucionaría. Pero a mi no me dio tiempo a verbalizarlo porque vino la contracción y dije "¡Ayudadmeeeeee!" y ¡plop! Salió mi bebe y cayó en las manos de papá, que me lo puso encima enseguida.

"¡¡¡Ya está!!! ¡Lo conseguí! Lo hicimos, cariño!" ¡A las 3:20 am! Y me reí, ¡me reí a carcajadas! ¡Qué pasada de parto y qué subidón! De repente veo que entra mi padre. ¡Me dio una alegría que nos viera allí recién paridos...! La placenta salió rapidísimo, solo 15 minutos después. Mi hija hizo acto de presencia y dijo que tenía hambre. Se llevó a mi mariden. Me quede con Agneta y Chery que me limpiaron, pesaron al bebe y lo hicieron todo. Mariden volvió un ratito y se volvio a ir, pero estaba en buenísimas manos.

Cuando se fue todo el mundo me quede sola con mi bebe, saboreando su presencia y la tranquilidad de la casa. Pensé... "Madre mía, hubo un momento durante el embarazo en el que no te quise... Qué manera de dejar que la depresión tomara cargo... ¡Como no te iba a querer chiquitín!"




María Laura

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