Mi experiencia con el porteo

Este post no pretende ser una guía de porteo ni mucho menos. Para cualquier duda sobre el tema, si queréis consultar con una profesional, os recomiendo a nuestra asesora Carmen. Aquí lo que pretendo contar en mi opinión personal sobre los diferentes métodos que he usado desde un punto de vista totalmente subjetivo al margen de las recomendaciones oficiales sobre porteo ergonómico:




Poco antes de que Garbancita naciera, mi vecina me pasó un montón de cosas de su niña, que entonces tenía 10 meses. Entre ellas, una mochila portabebés que se probó el papá (porque yo con mi tripa de ocho meses no era una buena modelo) y la descarté al momento. Entonces no estaban tan puesta como ahora en lo que debe ser un porteo ergonómico, pero algo ya nos habían contado en las clases de preparación al parto y estaba claro que esa mochila no había por dónde cogerla. Así que, cuando una amiga de mi madre me preguntó esa misma tarde que qué quería que me regalara para la niña, le pedí una mochila ergonómica. Bien. Dos días después, apareció con la Babybjörn. La madre que la parió.

Repito que yo entonces no estaba muy puesta en porteo ergonómico y, en las instrucciones de esa mochila, daban a entender que era ergonómica, decían que estaba recomendadísima por la AEPED y blablabla. A mí no me acababa de convencer, la veía sospechosamente parecida a la que me había dejado mi vecina, pero aún así la usé un par de veces hasta que decidimos ir a ver a mi matrona con la mochila para resolver mis dudas y nos dio la razón: descartada. Eso ni era ergonómico ni era ná.

La matrona habló por encima de todas las opciones posibles de porteo y nos enseñó a atarnos un fular elástico que tenía por ahí. Nunca antes me habían gustado demasiado los fulares (tenía claro que prefería mochila) pero al vérmelo puesto con la nena me hizo gracia. Tanta, que compramos uno ese mismo día. De todas formas, al papá de la criatura seguía sin convencerle. Lo llegó a usar alguna vez, pero decía que no se veía con un fular, así que nos pusimos a mirar mochilas por internet y a informarnos bien, y al siguiente familiar que nos preguntó que qué nos hacía falta para la nena, le dimos la marca y modelo de la mochila que queríamos, para que no hubiera ninguna nueva confusión (una ergobaby, que nos dijeron que era de las mejores para la espalda del porteador).

Esta vez sí que sí. Empezamos a usar la mochila ergonómica a los cinco meses, tal como ponía en las instrucciones de la mochila, aunque quizás deberíamos haber esperado un poco más (empezaba a mantenerse sentada). La usaba sobre todo el papá, porque, entre que Garbancita estaba muy gorda y yo muy floja, cada vez me costaba cargar con ella. La verdad es que le hemos dado mucha caña a la mochila. Incluso cuando salíamos con el carrito, siempre llevábamos la mochila en un bolso colgando de la silla por si la nena se cansaba de ir ahí sentada. Incluso hemos hecho excursiones campestres con ella... El problema ha empezado a aparecer hace poco.

Por un lado, porque aunque se supone que es una mochila que sirve hasta que el niño/a sea mayor, notamos que se le empieza a quedar pequeña y solo tiene 10 meses y 10 kilos (ya no va sentada tan cómoda, no le cubre bien de corva a corva). Por otro lado, porque el mismo acolchado que la hace tan cómoda, empieza a agobiar bastante con el calor.

Así que mi hermana, que vive fuera y nos ha visitado hace unos días, como ya sabía esta historia, me ha traído de regalo un fular tejido. Todavía nos estamos acostumbrando a él pero tengo que decir que se lleva bastante mejor de lo que esperaba. Sobre todo el papá de la criatura, al que no le convencía nada la idea de llevar un fular (le parecía poco masculino al tontorrón), después de probarlo empieza a cambiar de idea. Eso sí: la posición "a la cadera", que con la mochila la llevaba medio bien, con el fular se me hace muy pesado al colgar solo de un hombro atándolo tipo bandolera (no tiene por qué pasar, pero para las flojuchas como yo con menos masa muscular que una bicicleta, conviene tenerlo en cuenta).

Aquí os dejo una lista de los pros y contras que le veo a cada método que he usado:



Fular elástico: 

Pros:

  • Se puede usar desde el nacimiento. 
  • No ocupa nada para llevarlo en el carrito y usarlo cuando sea necesario. 
  • Te puedes sacar la teta discretamente. 
  • Reparte bien el peso, es cómodo para el bebé y el porteador. 

Contras:

  • No sé si era concretamente mi fular o les pasa a todos, pero llega un momento (a partir de los 6-7 kg. más o menos en mi caso) en el que el elástico es una desventaja, el bebé pesa demasiado para el fular y va cayendo. 
  • Requiere un mínimo de técnica para ponérselo. 


Mochila colgona: 

Pros:

  • Ninguno 

Contras:

  • No respeta la postura del bebé, va forzado.
  • Es incómodo para el porteador, tira de los hombros. 
  • Es carísima. 
  • Cualquiera que entienda de porteo y te vea con ella, te mirará con rabia y pena. 


Mochila ergonónima: 

Pros:

  • El bebé va genial en cualquier posición. 
  • Es muy cómoda: El peso se reparte muy bien y protege mucho la espalda. 
  • Es muy fácil de poner: coges al bebé, lo metes en la mochila y "clac", cierras. 
  • En invierno "abriga" 
  • Es el método más "masculino", anima al porteo por parte de los papás. 

Contras:

  • Es carísima.
  • Aunque ponga que no, va por tallas. Hay mochilas que se van adaptando, pero no era el caso de esta. Es una pena que sea tan cara para durar "tan poco". 
  • En cuanto subimos de 20º da un calor que te torras. 
  • De vez en cuando te encuentras con un listo que te dice "Ays, ¿no va muy espatarrá ahí?". Fffffff.


Fular tejido: 

Pros:

  • El bebé va en postura ergonómica. 
  • El porteador va cómodo, con el peso bien repartido. 
  • Es fresquito (dentro de lo fresquito que puede ser llevar pegado a un bebé en verano). 
  • No se queda pequeño nunca, tiene un ancho y un largo más que suficiente para portear a mi marido si me da la gana (no me va a dar, no puedo con él, pero para que se me entienda). 
  • Es muy versátil, se puede llevar de muchas maneras distintas delante, a la espalda o a la cadera. 
  • No ocupa nada para llevarlo en el carro y usarlo cuando sea necesario. 
  • Es divertido. Hay mil maneras de atarlo y mola ir probando. 

Contras:

  • Requiere saber usarlo. Tiene su intríngulis, sobre todo si te lo tienes que poner sola. Yo de momento prefiero salir de casa con el fular puesto y olvidarme de la sillita, porque sería incapaz de tener que ponérmelo en la calle si fuera necesario porque la niña llorara en el carrito. 
  • Me da la sensación de que esto todavía llama la atención a la gente. Las mochilas ya están más o menos extendidas pero llevar un fular que encima tiene un estampado de lo más hippy queda un poco marciano en una ciudad pequeña como la mía. Yo no he visto de momento a nadie más porteando con fular aquí. 
  • En posición bandolera me carga bastante la espalda y el cuello si lo llevo mucho rato. 




Insisto en que esta es solo mi valoración como usuaria. Si queréis saber más sobre la teoría del porteo ergonómico, podéis seguir leyendo aquí. :)




Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

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