Las cicatrices del camino




Bueno, creo que ha llegado el día, después de 8 años voy a contaros mi primer parto, una INNECESÁREA


El día 13 de Marzo del 2007 a las 5 de la tarde, iba de camino al hospital con unas contracciones horribles, semana 36, con 28 kilos de más y con una tentativa de preclámpsia.

Me pusieron correas, y a las dos horas volvía para casa, por poco tiempo. A las 5 de la madrugada del día 14 me desperté cuando sentí como si un rayo me hubiera dado calambrazo, automáticamente me desperté y noté que estaba mojando la cama.


Fui al lavabo (por esa época vivía en casa de mi suegra, con mis cuñados, y no quería despertar a nadie) :). Vi que el agua no paraba y que era clara así que desperté a mi suegra y me metí en la ducha y estuve un buen rato, pensaba en lo que me esperaba, cómo iba a ser, si iba a doler, que iba a pasar. Era mi primer parto y tenía 25 años.

Mientras yo me vestía, mi marido estaba cubriendo el asiento del coche, para que no lo mojara jjajajaj.


Llegué al hospital a las 6 de la mañana, estaba de 4 cm, y me subieron a planta para que dilatara un poco, a las 9 me bajaron otra vez a paritorio y ya estaba de 7 cm, me pusieron en una sala de dilatación porque el paritorio estaba lleno, había 3 chicas más.

Me dejaron en una cama con el monitor de contracciones puesto, y allí pasé las horas muertas, gritando de dolor, aguantando loas pasos de cada médico/comadrona que entraba (porque era una sala que estaba en el centro de las salas y el paritorio) y cuando mi marido les decía que por favor me pusieran algo para calmarme el dolor, me hacían un tacto. A las 12 de la mañana, yo ya había llegado a dilatación completa, tumbada, sin poder moverme, primer parto, semana 36 y con un bebé de 3,500kg.


Así estuve hasta las 15, cuando me pasaron a paritorio (después de haberme quitado las correas y haberme metido al baño a empujar, si ellos no me lo sacaban, lo haría yo). Una chica fantástica, me dijo que me iba a poner la epidural, ¡por fin!, pensé.

Cuando me la puso me sentí en el paraíso, empecé a temblar mucho, pero por fin podía descansar algo del dolor. Ahí empezaron los problemas, empecé a adormecerme, no notaba ya ninguna contracción ni ganas de pujar, venían los ginecólogos y me pedían que apretara, pero yo no notaba nada, me pusieron de nuevo las correas, y notamos que el bebé empezaba con bradicardia, empezaron las carreras, sacaron a mi marido de la habitación y me prepararon para anestesia general.

Si me hubieran dejado a mí  levantarme, y empujar, hubiera parido sola. Pero otra vez más, los partos demasiado instrumentalizados...es lo que pasa.


Entré sola, temblando muchísimo, oía al anestesista decirme que iba a tener arcadas seguramente, que avisara si quería vomitar, miré hacia arriba y reflejada en la lámpara podía  ver como estaban abriéndome. Yo lloraba, tenía muchas nauseas, vomité, me mareaba, de repente había en la sala dos ginecólogos (mi futuro jefe y su hermano), el anestesista, la matrona, dos enfermeras y una auxiliar.

Escuché: ¡Tiene el pelo rojo!, y no sabía si se referían a mí o a  mi hijo, hasta que de repente oigo un llanto fuerte, muy fuerte, y alguien me dice: ¡Aquí está tu hijo!, dale un beso.

Y se acabó, no volví a verlo más, no me lo dieron, lo vistieron lo sacaron a fuera a que lo viera el padre, estaba morado de las 4 horas que había pasado el completa y en el canal del parto.

Mientras yo estaba intentando estar tranquila, pensaba que el papá estaría con él, me estaban cosiendo, y me tuvieron más de dos horas en recuperación, con mantas térmicas, sin parar de temblar, mucho dolor de espalda y ganas de ver a mi hijo y a mi marido.

Cuando subí a la habitación, estaba tan drogada que no podía ni coger a mi hijo en brazos, solo veía como pasaba de unas manos a otras, y solo quería dormir, vinieron a la hora de haber subido de quirófano a hacerme un  masaje uterino (dios mío que nombre más engañoso), llevaba sonda, y un drenaje en la cicatriz para expulsar la sangre que me quedara.


Nadie vino a hablarme de lactancia, nadie me enseñó como poner a mi hijo al pecho, nadie me habló de lo que iba a pasar cuando me subiera la leche.

Hasta éste año no me atreví a preguntar a mi marido, si él había estado con el niño mientras yo estaba en recuperación. Su respuesta fue que no, que no le habían dado al niño más que para enseñarlo y luego se lo llevaron, no sabemos dónde, no sabemos si le dieron un biberón, si lo tuvieron solo en algún cuarto... y no quiero saberlo. Lo que sí sé, es que esas horas separados, ese piel con piel  que no se realizó, esa primera noche que no pude tenerlo conmigo porque la anestesia no me dejaba, es lo que ha marcado el carácter de mi hijo mayor. Sus miedos a separarse de mí, su carácter retraído, el no querer jugar con nadie sino estaba cerca, esos despertares nocturnos gritando...

A día de hoy, aún hay noches que no quiere ir a dormir con su yaya porque echa de menos a la mamá, aún le cuesta hacer algunas actividades de grupo porque le falta algo de confianza.


Hoy puedo decir que desde que lo tuve en casa, no me he separado una noche de él (salvo cuando él lo pide), seguimos colechando después de 8 años, duerme con su hermana en una cama pequeña pegada a la nuestra. Es cariñoso, dulce, sensible (a veces demasiado), cuida de su hermana, es bueno por naturaleza, y un hermano fantástico.

  
Cariño, si algún día lees ésto, que sepas que el papa y yo, te queremos muchísimo.

2 comentarios:

  1. Gracias Tanya por abrir esa cajita y dejar salir esto. No puedo dejar de llorar.
    Tienes un hijo estupendo q sabe cuánto le amais.
    Un abrazo y un beso♡♡

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  2. No me había atrevido a leerte hasta hoy... Rabia y tristeza... yo tb he llorado, x ti, x mí, x tantas mujeres heridas sin sentido junto a sus hijos, pq esta violencia no solo nos afecta a nosotras...

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