Desarrollo motor del niño

El desarrollo motor es un proceso de adaptación al medio a través de la maduración y el aprendizaje. El niño aprende a utilizar sus capacidades motrices como instrumento de comunicación con su entorno.

Los logros que se van adquiriendo dependen mucho de cada niño, pero siempre siguen una secuencia similar y están regidos por una serie de leyes y principios (se controlan antes las partes más cercanas al tronco, saben coger antes que soltar, siempre hay un lado dominante, etc.).

Existen tres tipos de movimientos:

  • Los reflejos: son respuestas automáticas e involuntarias ante una estimulación, pero que constituyen la base para los movimientos voluntarios. 
  • Los actos voluntarios: intencionados. Ante una estimulación, el niño la interpreta y actúa en consecuencia. 
  • Los automatismos: intencionados. Son movimientos voluntarios que se integran de una forma automática y pasan a ser hábitos, como montar en bicicleta. 
A continuación describo las etapas del desarrollo motor. Es importante tener en cuenta que la edad es orientativa, pero la secuencia de los logros sí es similar en todos los niños:

  • 0-6 meses: La motricidad es básicamente refleja. A partir de los 4 meses puede rodar sobre su espalda y estirar la mano para tratar de coger un objeto. Logra el control del cuello y cabeza, sonríen y empiezan a reaccionar emocionalmente. 
  • 7-9 meses: Consiguen el dominio del tronco, aprenden a sentarse y gatear. 
  • 11-15 meses: Se inicia la marcha, lo que posibilita descubrir el entorno y manipular su ambiente. 
  • 2-3 años: Comienza el control de esfínteres. Los aprendizajes los realiza por los procedimientos de ensayo y error e imitación. El juego es el medio esencial a través del cual el niño desarrolla sus posibilidades psicomotrices y responsables de su maduración global. 
  • 4 años: Sus movimientos son independientes, evoluciona su pensamiento y expresión (pregunta, percibe analogías, conceptualiza...). 
  • 6 años: La maduración del cerebro es prácticamente completa. El desarrollo de la motricidad gruesa está más influenciado por la maduración, mientras que el desarrollo de la motricidad fina está más determinado por el aprendizaje. 
Por tanto, los objetivos educativos relacionados con el desarrollo motor en la primera infancia estarían orientados a que los padres o tutores le faciliten los medios para descubrir y controlar progresivamente su cuerpo, valorando sus posibilidades y limitaciones para actuar de forma cada vez más autónoma, así como ir elaborando su percepción de ese entorno, y atribuyéndole alguna significación. Para ello, desde la teoría de la crianza con apego proponemos una serie de recomendaciones:


  •  El bebé debe sentirse amado, protegido y confiado para ir explorando progresivamente el entorno. 
  • Asegurar una motricidad libre (sin forzar posturas a las que no es capaz de llegar por sí mismo, respetando el ritmo de desarrollo de cada niño, etc.) en un ambiente seguro. 
  • Dejar al bebé en el suelo todo el tiempo posible (sin hamacas, sin taca-tacas, etc.) en un suelo cálido (con una alfombra, por ejemplo) sin acolchados que dificulten la movilidad. 
  • Evitar la sobreestimulación; dejar que sea el niño el que vaya descubriendo poco a poco el entorno y a sí mismo. 
  • Mantener descalzo al bebé que empieza a andar y gatear el máximo tiempo posible. En definitiva, se trata de procurar el máximo respeto al desarrollo y fisiología del bebé. 

Puedes conocer más sobre la teoría del movimiento libre aquí.




Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

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