10 cosas que nadie te contó sobre la maternidad



1. Qué cosas te conviene llevar al paritorio. 

Quizás estés pensando en una bolsa de aseo, ropita de bebé, mudas limpias... Olvídate. Ya habrá tiempo de todo eso, que son cosas que, en todo caso, podrás necesitar una vez estés en planta. De momento, ten en cuenta que un parto puede ser muy largo, así que puede que eches en falta estas tres cosas: zapatillas de casa, un abanico y cacao para los labios.


2. El amor incondicional a tu bebé no comienza en el segundo que lo ves. 

En la mayoría de los casos, esto es un mito. Recuerdo que, con mi primer hijo, me llegué a sentir muy mal, muy culpable, por el hecho de no haber sentido ese flechazo inmediato hacia él en el momento en que nació. De hecho, no lo sentí nunca. El amor es inmenso e incondicional, pero progresivo, a medida que te acostumbrabas a esa nueva vida y asimilas que ha salido de ti.


3. Dar el pecho duele. 

Siento si decir esto no es políticamente correcto, pero yo hubiera agradecido que alguien me lo advirtiera antes de arrimar a mi primer hijo al pecho, porque el susto que me llevé cuando me entrilló no me lo quita nadie. Tenía una imagen idílica del amamantamiento y la verdad es que lo es, pero no exactamente como pensaba. La lactancia es sin duda la mejor opción tanto para la madre como para el bebé, pero lo más habitual es que las primeras semanas sean duras. Me parece importante que las futuras mamás lo sepan porque si tienen una idea idealizada y se encuentran con un buen pellizco en el pezón la primera vez que arriman a sus bebé, puede ser muy desalentador. La futura mamá debe saber que sí, que es muy frecuente que al principio haya molestias, pero que enseguida ese dolor empieza a hacerse cada vez más soportable hasta que dejas de notarlo en unas semanas y, en cambio, los beneficios y la satisfacción que da cada vez son mayores. Las clases de preparación al parto deberían centrarse mucho más en este tema porque pocas cosas hay que dependan tantísimo de una buena información como el hecho de tener una lactancia exitosa. Todas podemos dar el pecho. En esta misma web contamos con una colaboradora que es asesora de lactancia. Cualquier duda se la podéis preguntar en comentarios o a través de nuestro formulario de contacto (no es necesario registrarse y se puede hacer de forma anónima).




4. El postparto puede ser muy duro. 

Hay bibliografía sobre el embarazo para aburrir. Sobre crianza, igual. Pero sobre el postparto no tanta. Normal, no es bonito. Tal vez imaginas una estampa bucólica de ti misma cuidando de tu bebé, pero seguro que no te imaginas andando a pasitos cortos por las cicatrices y los puntos de la episiotomía, los desgarros o la cesárea, notando tus tripas "colgando" a cada paso, con las tetas doloridas y a reventar, con contracciones (sí, contracciones, que pueden durar muchos días después del parto), con hemorroides, hematomas, y todo tipo de achaques que en algunos casos pueden ser graves, con falta de sueño, inseguridad, con tu pareja que te saca de quicio o que crees que no te entiende... El postparto suele ser una etapa muy dura. Mi recomendación es dejarte mimar, evitar todas las visitas que no sean de familiares muy cercanos que vengan a ayudar, y dormir todo lo que se pueda.


5. Un recién nacido no es un muñeco zen que inunda la casa de paz y armonía. 

Quizás aquí también tengas la típica imagen que muestra la publicidad de madres bien peinadas y sonrientes sentadas junto a un moisés en una habitación de ensueño en tonos beige junto a un ventanal donde la brisa suave mece los visillos... La realidad de los primeros días no suele ser así. El bebé querrá estar con la madre, está desorientado en un mundo que no conoce. Tal vez llore a menudo, y tal vez no se calma simplemente cuando le cogen en brazos. Tal vez la madre en ese momento no sepa qué hacer, se sienta confundida, incluso mala madre. Calma. Poco a poco, os iréis conociendo mutuamente y sabrás cómo reaccionar a él. Mientras tanto, cógelo mucho, que es un ser indefenso que no entiende nada de este mundo y solo te tiene a ti. Aunque llore, su nivel de estrés no será igual que si está solo. Evita a toda costa las visitas de todo aquel que no venga estrictamente a ayudar. Y cuando duerma, duerme tú también.


6. La líbido suele desaparecer misteriosamente. 

Siempre hay historias de todo tipo, pero lo más común es que el deseo sexual desaparezca radicalmente por un tiempo más o menos largo, dependiendo de otros factores: cómo te encuentres psicológicamente, cómo te hayas adaptado al bebé, si estás dado el pecho, etc. Por no hablar de que, durante un tiempo, te costará reconocerte en el espejo y eso tampoco ayuda...


7. Te criticarán hagas lo que hagas. 

Da igual que intentes ser la mejor madre del mundo. Si das el pecho, si no lo das, si lo sigues dando después de los seis meses, si inicias la alimentación complementaria a los seis meses, si lo haces antes, si lo haces más tarde, si haces BLW, si colechas, si no colechas, si le pasas a su propia habitación, si porteas, si usas capazo, si usas maxi-cosi, si le vistes de rosa, si le vistes de azul, si le vistes de blanco, si le vistes de negro ni te cuento... Por ello, es importantísimo estar muy bien informada (con información actualizada, no con las fotocopias del pleistoceno con consejos sobre crianza que reparten los enfermeros de pediatría) y tener clarísimo qué es lo que quieres hacer y por qué, porque todas las madres quieren lo mejor para sus bebés y actúan según ese criterio (incluso las que usan la Babybjörn), de modo que si llega un opinólogo y empieza a machacar con consejos que nadie le ha pedido y con comentarios del tipo "tu bebé de un mes necesita más independencia", puede llegar a hacerte dudar y a hacerte sentir muy mal si no tienes las cosas perfectamente claras.


8.  Lo que vas a vivir no se parece a lo que te han contado.

Es algo único, incluso aunque hayas tenido o vayas a tener más hijos. Escuchar experiencias de otras madres ayuda (a no ser que te estén contando historias escabrosas sobre partos en una carnicería), pero la tuya, seguramente, no se parecerá a ninguna otra en el mundo.


9. Todo cambia. 

No solo lo relacionado con el bebé: ya no volverás a ser la misma persona. Cambian los hábitos, los horarios, la alimentación, incluso las cosas más insignificantes: te preguntas si será bueno para el bebé usar un ambientador como hasta ahora, si tu jersey favorito no le picará cuando le cojas, si será mejor salir a pasear a otra hora, etc. Si piensas que vas a seguir como hasta ahora solo que con un bebé, creo que te equivocas.


10. Vas a tener que recordarte a ti misma que eres una mujer.

No viene mal, por el bien de tu autoestima, de tu relación de pareja (que finalmente repercute en tu bebé y en ti) y por ampliar un poco tu zona de confort, que, a pesar de lo que he contado en el punto anterior, puedas dedicar un rato de vez en cuando a ti misma. No eres solo una madre. Esa faceta no anula todas las demás. Sé que ahora da muchísima pereza la idea de tener que ser sexi, competente y supercalifragilística, pero no se trata de ser una mujer 10 sino de no dejar de ser simplemente una mujer.






Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

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