Amor de Padre, por Juan Manuel Palacios



Todos los padres aman a sus hijos, son nuestra adoración, la luz mis ojos, nuestros hijos son los que dan un nuevo sentido a nuestras vidas, nos hacen mejores personas, nos ayudan a cumplir metas y a lograr muchas otras cosas más.

Pero no todo es color de rosa, no todo es felicidad y alegría, también hay momentos en los que tenemos que ser fuertes, poder controlar a nuestros pequeños pero sin llegar demasiado lejos, en la compresión y el dialogo es donde está la solución de todos los problemas. Nuestro amor puede producir engreimiento, el no hacer caso a las reglas, basta con llamarles la atención o castigarlos para que ellos se recientan, lloren o se molesten, los dejamos cinco minutos o menos y luego ya no podemos soportarlo y corremos a sofocar el llanto que nosotros mismos hemos provocado, ¿es eso lo correcto?, ¿hasta qué punto es bueno dejar que el amor por nuestros hijos sobrepase nuestros intentos fallidos de educación?

Yo por mi parte soy el ogro de la familia, el que reniega y gruñe, el que trata de mantener el orden y está presto a llamar la atención cuando las cosas empiezan a salirse de control, estoy tratando de mantener la cordura y el orden en la casa pero a veces no se puede, le llamo la atención a mi hija cuando está haciendo algo que no debe, se reciente conmigo y va donde su mamá a darle las quejas. A veces es la mamá la que le llama la atención tratando de dejar en claro quien lleva la sartén por el mango pero esa jalada de orejas dura pocos minutos, luego de cinco ya estamos jugando de nuevo, dándole mucho cariño a la bebe, abrazos y besos, explicándole con calma lo que no puede hacer y que debe hacer caso cuando le decimos las cosas.

El llanto de un bebé es el primer detonante de diversas reacciones por parte de nosotros los padres, nosotros corremos cual flash para tratar de controla la situación, el amor de padre puede romper muros o paredes de concreto, ¿que no haríamos por nuestros hijos? De repente nos pueden decir que somos demasiado cariñosos, que la engreímos mucho, que después no nos va a hacer caso, que le apañamos todo, que le damos demasiada libertad, y la verdad es que puede que sea cierto pero que le vamos a hacer, somos sus papás y si hay que mover una montaña yo me la cargo al hombro y la llevo a donde me dice mi hija que la quiere poner. Esa es la forma como yo puedo definir el amor hacia ella, aunque termine con dolor de espalda vale la pena.

Estar al pendiente de los hijos forma parte de la responsabilidad y del sentimiento de amor, abrir los ojos y lo primero en que piensas es en tu hija, que sigue dormida mientras me alisto para ir a trabajar. La mejor parte son los días domingo que no hay que salir temprano a ningún lugar, es ahí cuando mi hija es la que me despierta y es lo mejor del día, que importa si lo hace a las 6am o a las 10am, escuchar su voz que me llama, subida en la cama a tu lado agarrando mi rostro, empujándome para que me levante y jugar con ella, como se dice en inglés "priceless!!!!".

El amor de padre no tiene límite, varias veces hemos tenido que hacer lo imposible y tengan por seguro que lo volveríamos a hacer cuantas veces sea necesario.






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